De buen principio, James Bruce, parte de El Cairo Nilo arriba, hasta Asuán, donde se encuentra que todo ulterior avance por el río, se ve impedido por las guerras locales. Así, pues, decide entrar en Etiopía, por la ruta del mar Rojo. Retrocede hasta la ciudad de Cus, por debajo de Luxor y, desde allí se abre paso, por el desierto hasta Kosseir. Se embarca, entonces, en un sinuoso viaje a través del mar Rojo, con destino a Jedda, donde coincide con un cónsul británico, que le ayuda en su propósito. En septiembre de 1769, desembarca en Masella y, en noviembre de ese mismo año, se encamina hacia el interior. Hasta este punto había cubierto un itinerario peligroso, sí, pero bastante bien explorado. Ahora se enfrentaba a lo desconocido.