Voltaire. Diccionario Filosófico. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En su ejemplar personal de la “Enciclopedia”, Voltaire subraya un pasaje clave, del artículo ‘Enciclopedia’ redactado por Diderot, donde este tiene la osadía, de describir el modo en que pretende engañar a los censores, mediante una ingeniosa estratagema, cual es la de tratar los temas espinosos, con fingido respeto, pero remitiendo luego a otros artículos, para que el lector ate cabos. El ejemplo más citado, es el artículo “Comunión” de la “Enciclopedia” de Diderot, que remite a “Canibalismo”.
Paralelamente, una nota del “Catecismo chino” del “Diccionario” de Voltaire, invita a consultar “Cielo de los antiguos”. Y en “Antropófagos” dice: “Acabamos de hablar de amor. Se hace duro pasar de gentes que se besan, a gentes que se comen”. El último párrafo de “Amistad”, anuncia una continuación: “La pederastia era tolerada desafortunadamente por las costumbres; no hay que imputar a la ley los abusos deshonestos”. “Destino” remite a “Libertad”.
La técnica de Voltaire, no responde a un espíritu geométrico, que determine con rigor, las conexiones lógicas entre conceptos, sino a un ingenio que incita la fantasía, con la intención de desenmascarar la obra de la ideología y el fanatismo. El libro está concebido, como una máquina de guerra contra la superstición y, los artículos distan de haber sido redactados, al azar.
En “Sentido común” se nos dice, que los principales enemigos de la razón, son el miedo y la pereza. “Fe” dictamina que, bajo ese rótulo, se impone creer cosas, por el simple motivo de ser imposibles. Su continua secularización de la Escritura, deja campo libre a una interpretación histórica, liberada del peso de la autoridad religiosa. La ley del amor cristiano, ha dado lugar a las cruzadas, a la noche de San Bartolomé, a las masacres en Irlanda y, tantos otros lugares, pues su pretensión de universalidad, desembocó en una peligrosa intolerancia. También aboga por suprimir las riquezas indecentes del clero, el poder temporal del papa y, el Tribunal de la Inquisición. “Nuestro entendimiento – escribe Voltaire - sólo sirve para conducirnos bien y, no para conocer la esencia de las cosas”. Las polémicas entre fanáticos, deben ser dirimidas por un “hombre razonable, imparcial, sabio de una ciencia que no es la de las palabras; un hombre desprovisto de prejuicios, que ame la verdad y la justicia; un hombre que no sea una bestia, ni se crea un ángel”.
La emoción, el furor, la rabia, todos esos “matices de nuestros afectos”, enumerados en el artículo titulado “Entusiasmo”, animan el “Diccionario filosófico”. Sus detractores no dejaron de denunciar, el fanatismo o la intolerancia de Voltaire, de señalar la parcialidad que le conduce, a idealizar China o Roma, al tiempo que injuria gravemente a los judíos. El elogio de la moral de Confucio, en detrimento de la moral cristiana y, la admiración por la prudente religión de los letrados chinos, revelarán una toma de partido, mientras que la encendida defensa, del emperador Juliano, llamado el Apóstata, o del divino emperador Antonino, testimoniarán una debilidad, hacia el mito romano.
Voltaire nos llama a instruirnos de una forma amena, suscitando la curiosidad, e incitando la capacidad crítica de los lectores, utilizando la ironía y el sarcasmo, para pulverizar cualquier tipo de superstición o hipocresía, con un socarrón y antidogmático escepticismo.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.