El saber moral y la ciencia
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Ya en “Verdad y método”, Gadamer había tomado el saber moral, que representa la “frónesis” aristotélica (En la Ética a Nicómaco, de Aristóteles, es la virtud del pensamiento moral, normalmente traducida como 'sabiduría práctica', a veces también como 'prudencia',en cierto sentido se contrapone a la hibris o 'desmesura') como modelo de la hermenéutica, esencialmente porque no separaba, al modo de la “téxnê” (técnica) artesanal, el conocimiento del “eidos” (aspecto o figura que ofrece una cosa al verla) del objeto de su aplicación en la producción, sino que mostraba cómo el saber moral, no se determina por entero, con independencia de la situación en la que ha de ejercerse. La aplicación forma, así, parte del saber mismo.
Por eso “esta comprensión de nosotros mismos, que está ya siempre presente en nuestra praxis”, y de la que emerge ese saber que constituye, nuestra orientación en la situación histórica concreta, no es una aplicación de alguna ciencia dada, que se conformara con poner en práctica, lo que es científicamente posible y viable, sino que es un saber autónomo, que hace posible que nos planteemos con pleno derecho, si todo lo que puede técnicamente hacerse, es humanamente digno de ser realizado.
Es desde luego más que dudoso, que se pueda atribuir al proyecto de renovación del hombre y de la cultura, que guía a la fenomenología transcendental de Husserl, esta idea de aplicación propia de la ciencia objetiva. Pero parece claro que Gadamer ve en él, como demuestran varios de sus textos, una nueva forma de intelectualismo o idealismo, que no puede hacerse cargo de la situación real del mundo, de la vida en que nos encontramos. Y el principio de absoluta responsabilidad teórica del filósofo honesto, no sería suficiente como saber práctico.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.