EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Capitán Richard F. Burton. Convertido en musulmán. III


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En el texto anterior, hablamos de las opiniones de Richard F. Burton sobre la circuncisión. En su “Narración personal de una peregrinación a Medina y La Meca”, cita lo dicho por un tal Mr. Bankes, a comienzos del siglo XIX: “Respecto de los viajeros por los países mahometanos, tengo casi por imposible la seguridad de su viaje, a menos que se sometan previamente al rito” (se refiere al rito de la circuncisión). Por su parte Burton comenta que “el peligro se duplica por el incumplimiento de la costumbre… En los países musulmanes más fanáticos, se considera condición “sine qua non”. Y añade que, para realizar la peregrinación a La Meca, “es preciso entender que resulta de todo punto indispensable ser musulmán (al menos externamente) y ostentar un nombre árabe”.

Burton nos dejó una descripción del rito de la circuncisión, tal cual se realizaba en el Sind. La ceremonia se denominaba “sathri” o “toharu”, siendo este un término arábigo que significa “pureza” y, por lo común, se practicaba a cada varón, una vez cumplidos los ocho años. Al igual que en similares ceremonias iniciáticas, de todas las demás religiones, se celebraba acompañada por abundantes festividades y banquetes, música y fuegos de artificio: “El barbero realiza la operación, de igual modo que en la India, aunque cabe decir que no con tanta habilidad. Se utilizan la mantequilla aclarada, la cera y las hojas del árbol Neem (que se tiene por antiséptico) para impregnar las vendas de la herida, que suele cicatrizar en ocho o diez días”.

Pocos años más tarde, Burton manifestó una opinión muy distinta, acerca de las consecuencias físicas de la circuncisión en un varón adulto, posiblemente lamentando algunos placeres perdidos: “La circuncisión ralentiza y dificulta el acto amoroso. La suavidad natural del glande es endurecida por la fricción, de ahí que el coito sea lento, doloroso y no lo suficientemente enérgico. Quizá exista también en algunos países una causa estrictamente local (para la circuncisión): cuando un pedazo de carne crece más allá de sus límites, surge la necesidad de la amputación”.

Ser iniciado en el islam es una cosa, pero vivir como un auténtico musulmán, es otra infinitamente más exigente. El islam no es sólo una religión, sino que se halla en el meollo mismo de la existencia humana, de la vida cotidiana, del modo de hablar, de pensar, de comer, de dormir, de defecar, así como en las actitudes y el aspecto exterior. Había por supuesto otras costumbres muchísimo más formales, que era preciso seguir al pie de la letra, muchas de las cuales se remontaban, a los hábitos del profeta en persona. En general, los musulmanes suelen afeitarse la cabeza, como había hecho el propio Burton, antes incluso de llegar a la India, pero se dejan crecer el bigote y la barba, que han de estar debidamente cuidados. Los varones se afeitan asimismo el vello de las axilas y el vello púbico, cada cuarenta días más o menos, aunque algunos prefieren despojarse del vello, arrancándose los pelos. Las mujeres también llevan largo el pelo, pero se depilan el vello púbico, costumbre cuyo origen se cree que se remonta Bilkis, la reina de Saba, a quien el rey Salomón, uno de los profetas mayores del islam, indicó que no estaba dispuesto desposarla, hasta que se depilase por completo, el vello de las piernas. En Oriente, las mujeres pertenecientes a comunidades distintas de la musulmana, también se afeitan el pubis, aunque por motivos puramente eróticos.

Por otra parte, también había que contar con la práctica de la micción, que Burton hubo de seguir, de forma aún más automática. Los musulmanes, al igual que la mayor parte de los orientales, orinan en posición sedente y, al terminar, el hombre se limpia el pene con una piedra o un puñado de tierra o barro, ya sea una, tres o cinco veces, a tenor de lo que impongan la costumbre local.

Asimismo, la defecación era un acto de índole religiosa y cultural, ya que la práctica es muy distinta de la de Occidente. Un musulmán entra en el retrete con el pie izquierdo y, no con el derecho. Se limpia con agua (o con arena o con tierra, cuando no se dispone de agua) y siempre con la mano izquierda.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.