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Aristóteles. “Ética a Nicómaco”. I


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En el sistema aristotélico del saber, después de las ciencias teoréticas vienen, en segundo lugar, las ciencias prácticas. Estas son jerárquicamente inferiores a las primeras, ya que, en este caso, el saber no es ya un fin en sí mismo, desde un punto de vista absoluto, sino subordinado y, por tanto, en cierto sentido, sometido a la actividad práctica. Estas ciencias prácticas consideran la conducta de los seres humanos, así como el fin que con ella pretenden alcanzar, ya se considere a los hombres como individuos, o como parte de la sociedad, precisamente como miembros de la sociedad política. Aristóteles aplica en general el nombre de “política”, a la ciencia que abarca, la actividad moral de los hombres, considerados como individuos o ciudadanos. Y después, subdivide respectivamente esta “política” (o “filosofía de las cosas del hombre”) en “ética” y en “política” propiamente dicha (Teoría del Estado).

En esta subordinación de la ética a la política ¡al loro! Ha intervenido claramente y de forma determinante, la doctrina platónica que, por lo demás, dio forma paradigmática, a la concepción típicamente helénica, que sólo lograba entender al hombre, en su calidad de ciudadano, situando a la ciudad por encima de la familia y del individuo singular: el individuo existía en función de la ciudad y, no ésta en función de aquel. Dice Aristóteles expresamente: “Si es idéntico el bien del individuo y el de la ciudad, parece más importante y más perfecto, escoger y defender el de la ciudad”. No cabe duda de que el bien es también deseable, cuando se refiere a una sola persona, pero es más bello y más divino, si guarda relación con un pueblo y con la ciudad.

Así pues, a la política le compete una función arquitectónica, o sea de mando. A ella le compete determinar “qué ciencias son necesarias en la ciudad y, cuales debe aprender cada uno y, en que grado”. Sin embargo, no deja de ser cierto que, como algún especialista ha subrayado, a medida que Aristóteles va avanzando en su ética, las relaciones entre el individuo y el Estado, amenazan con trastocarse. No obstante, el Estagirita no se enfrenta, en el plano de la conciencia crítica, a este hecho que es muy importante en sí, ni llega a sacar las consecuencias que, llevadas a su límite, habrían desbaratado, el planteamiento general, de la “filosofía de las cosas del hombre”. Los condicionamientos históricos y culturales, han tenido más peso que las conclusiones especulativas y, la “polis” siguió siendo básicamente para el filósofo, el horizonte que abarcaba los valores del hombre.

En sus diferentes acciones, el hombre tiende siempre hacia unos fines concretos, que se configuran como bienes. Existen fines y bienes que deseamos, en función de ulteriores fines y bienes, y que, por tanto, son fines y bienes “relativos”. Pero, puesto que es impensable un proceso, que conduzca de un fin a otro y, de un bien a otro hasta el infinito, debemos pensar que todos los fines y bienes, a los que tiende el hombre, existen en función de un “fin último” y, de un “bien supremo”. ¿Cuál es este bien supremo? Aristóteles no tiene duda: todos los hombres, sin distinción, consideran que tal bien es, la “eudaimonia”, o sea, la felicidad”.

Así pues, la felicidad es el fin al cual tienden todos los hombres, consciente y explícitamente. ¿Pero, qué es la felicidad? Y aquí empiezan las divergencias. La multitud juzga de manera diferente que los sabios y, estos mismos, no están de acuerdo entre sí. La mayoría de las personas considera que la felicidad, consiste en “el placer” y en “el goce”. Pero una vida dedicada a los placeres, es una vida que nos hace “semejantes a los esclavos” y, es una “existencia digna de las bestias”

Las personas más desarrolladas y más cultas, sitúan el bien supremo y la felicidad, en el “honor”. Y esto es lo que buscan, sobre todo, cuantos se dedican activamente a la vida política (¡ojo! lo dijo Aristóteles, aunque yo estoy muy de acuerdo).

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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