Baruch Spinoza. Pulidor de mentes
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Consta que Spinoza fue un pulidor de lentes famosos y, que ejerció ese oficio desde la edad temprana y hasta su muerte. Jarig Jelles dejó constancia de ello: “Se ejercitó especialmente en la óptica y, en pulimentar microscopios y telescopios y, demostró en ello tal pericia…”. Entre las “noticias” sobre esta afición y pericia suya, la primera parece ser la del anatomista danés, Olaus Borch, ya que a su paso por Rijnsburg se refiere a él como “un judío y ahora casi un ateo”, el cual “se ocupa en construir telescopios y microscopios”.
Y esta noticia es confirmada por su biógrafo Johannes Colerus, el cual razona, además, por qué Spinoza había aprendido pronto el oficio, sin duda antes de salir de Ámsterdam: “Spinoza, como judío culto, conocía muy bien la ley y, el consejo de los antiguos maestros judíos, de que, junto con los estudios, se debe aprender un arte u oficio, para vivir de él. Antes de dedicarse a la vida tranquila del campo, aprendió a pulimentar vidrios para lentes de telescopio y otros usos. Adquirió tal perfección, que todos deseaban comprar sus trabajos y él podía, en caso de necesidad, vivir de ellos. Entre sus muebles se hallaron todavía, distintas piezas de eso vidrios pulidos y se vendieron a un precio razonable, como he sabido por el subastador”.
Sabemos que el Spinoza “óptico”, era objeto de curiosidad para Christiaan Huygens (astrónomo, físico, matemático e inventor neerlandés) y para Gottfried Wilhelm Leibniz, mientras que el mismo Spinoza, se siente con autoridad como para comentar o, incluso, criticar sus ideas y las de otros, como las de J. Hudde, famosos en la materia. Christiaan Huygens, autor de una “Dióptrica”, en cartas a su hermano Constantino, le preguntaba con insistencia y, con cierta reserva para que no llegara a oídos de Hudde, por los progresos técnicos y prácticos, de “nuestro judío”.
Spinoza mismo da a entender, que él se acercaba de vez en cuando, a visitar al gran científico Christiaan Huygens, “señor de Zeelhem”, que tenía su casa de campo, llamada “Hofwijk” (jardín de retiro) a unos minutos de camino de la suya en Voorburg y, en la que pasaba algún tiempo por aquellos años (1663-1666). No obstante Spinoza deja claro varias veces, que no estaba de acuerdo con él, en la forma de las lentes, ni en el modo de pulirlas, ni daba fácilmente su aprobación, a sus éxitos teóricos en la materia, pues, de hecho, aún no había redactado, la por él llamada “Dióptrica”, sino que sólo vería la luz, junto con el escrito “Sobre los parhelios”, con el que está relacionada, en sus “Opuscula posthuma”.
Finalmente, unos años más tarde, Leibnitz se dirigió a Spinoza por carta desde Frankfurt. Y lo curioso es que, aunque nos consta que sabía que él, era el autor del comentario a Descartes y del “Tractatus theologico-politicus (TTP), le elogia por “su extraordinaria pericia en asuntos de óptica”. Aún más, de hecho, ese es el único motivo, por el que le escribe, ya que le adjunta su libro “Noticia de óptica avanzada”, pidiéndole su opinión sobre el mismo. En su respuesta, Spinoza alude al problema de percibir con nitidez, los puntos de un objeto lejano que caen “fuera del eje óptico” y, le formula dos preguntas, cuya base nos parece seguir siendo, su preferencia por las lentes circulares y convexas.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.