La sexualidad de los vikingos. XIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
No puedo dejar de hacerme una pregunta, que quizá a alguno le parezca tonta. Si en la época vikinga, la práctica de la brujería por parte de un hombre, le comportaba, lo que, a efectos prácticos, era una especie de muerte social y, además, le exponía a la pena capital ¿por qué iba un hombre, a escoger seguir ese camino? La repuesta seguramente es: que esta vida le confería poderes y experiencias, que no podía obtener ni vivir, de ningún otro modo. La brujería estaba imbuida de cualidades – y quizá, de una especie de estatus subversivo – que hacía que valiera la pena, a pesar de lo alto que era el precio, seguir ese camino. Lo curioso es que, a veces, esto se desarrollaba de una manera, que tenía connotaciones de aceptación social, que iban mucho más allá de la comodidad, del “ni se pregunta ni se dice”. Hay varios ejemplos en las sagas, de reyes que emplean equipos enteros de hechiceros masculinos, para fines mágicos específicos y que, a pesar de ello, no reciben críticas sociales de ningún tipo.
La demostración definitiva de esta situación, procede del propio Asgard, el hogar de los dioses. Odín era, el señor de la magia, pero, sobre todo, era el señor, precisamente, de este tipo de magia, que convertía a un hombre en un “rarg”. Para hacernos una idea, de lo profundas que eran las contradicciones sociales, sería equivalente a que el dios de la cristiandad medieval, con sus penas capitales, para tantos tipos de supuestas transgresiones sexuales, apareciera en los textos bíblicos, manteniendo relaciones íntimas con los hombres. Así, Odín, - señor de los dioses, divinidad de la guerra y la poesía, patrón de las élites reales, para las que el ideal masculino heterosexual era fundamental – aparece también retratado, como el practicante supremo de una magia, que se consideraba homofóbicamente vergonzoso, que emplearan los hombres.
Una estudiosa noruega, llegó al corazón de este asunto hace unos años, en una serie de artículos revolucionarios, sobre este ser divino, al que se refirió como “Odín, el “Queer”. El mismo término se aplica, sin duda, a los hombres que dedican su vida a la magia, que concitaban el desdén social, pero que la controlaban y, podían emplear su poder como arma. Cabe la posibilidad de que se considerara, que “todos” los practicantes de magia y brujería, pertenecían a un género diferente, al menos vistos a la luz, de sus últimos 300 años. En gran parte de Siberia, por ejemplo, se ha defendido muchas veces, que el “chamán” (o su equivalente) constituye un género en sí mismo.
Otros aspectos de la brujería y el culto, incluían actos sexuales. Existe una extraordinaria descripción de estos rituales, en la “Historia de Völsi”, un cuento en prosa con elementos poéticos, que se conserva en el manuscrito del siglo XIV del “Flateyjarabók”, que como sabemos, por algunos de sus detalles internos, contiene información auténtica, sobre la época vikinga. En él, se relata un rito hogareño, de principios del siglo XI, el periodo durante el cual, el paganismo estaba siendo suprimido en Noruega y, cuenta como un rey cristiano y su séquito, asisten a una ceremonia disfrazados. Como parte de un banquete comunal, se realizan una larga serie de rituales, en los que un pene de caballo, se pasa de mano en mano, mientras se recitan versos espontáneos. El contenido sexual es explícito, igual que la acción, pues queda claro que se espera, que las criadas de la casa, empleen el objeto para masturbarse.
Estos temas y conexiones, pueden seguirse en el estudio de las tumbas, Loa arqueólogos determinan el sexo de los restos hallados en las tumbas, a través del análisis de sus huesos (que es fiable, aunque no infalible) o el ADN (que utiliza una definición, basada en cromosomas que, por lo general, se acepta sin controversia, aunque uno debe ser consciente, de que hay otras formas de determinar el sexo, basadas en el estudio de los genitales, o en los órganos internos). Esto permite concretar el sexo, de individuos de cuerpo masculino o femenino. Sin embargo, esto no es lo mismo, que especificar su género: esta cuestión está fuera del alcance de la ciencia.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.