El Nilo Azul. Bruce. El regreso. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La primera vez que James Bruce, visita a la “sittina” (reina) de la provincia de Shendy, ella estaba sentada detrás de una cortina. Pero la segunda vez, él le animó a dejarse ver, encontrándose con una hermosa mujer, de unos cuarenta años, de labios carnosos, bellísimos dientes y ojos, como jamás había visto. Vestía una estola púrpura, con una magnífica corona de oro en la cabeza y, el cabello, trenzado, le caía por debajo de la cintura. A bruce le pareció la reencarnación viviente, de la legendaria reina Candacia, que gobernara Meroé y todo el Nilo al norte de Egipto, en tiempos de los faraones.
A finales de octubre, Bruce se pone de nuevo en marcha. Vadea el Atbara, último afluente del Nilo, que en esa época del año, se le presenta con 400 m. de ancho y muy profundo. Después hace un alto en Berber, para descansar y comprar más camellos, antes de entrar en la temible ruta de las caravanas, que cruzaba en línea recta el desierto, hasta Asuán, etapa de unos 600 km, pero mucho más corta que el itinerario alternativo, de seguir el río por la gran curva, que describe hacia el oeste.
En noviembre de 1772, Bruce y ocho hombres “se entregaban al desierto”. Posteriores viajeros, aseguraron que Bruce había exagerado considerablemente, los horrores de esta travesía, sobre todo en su descripción del “simún”, el asolador viento que levanta columnas de arena en el cielo, cual trombas marinas. Uno de sus hombres perdió el juicio y lo abandonaron. Los camellos murieron, tuvo que dejar atrás el cuadrante y, el resto de sus pertenencias. Él mismo, caminaba cojo con los pies ampollados y supurando. Añádase a todo eso, que mantenían una lucha constante, con los árabes que merodeaban, por los pozos de agua. Por fin el 28 de noviembre, como los marineros, que, por la aparición de madera de deriva a flote, conocen la proximidad de tierra, divisaron el en cielo aves fluviales. A la mañana siguiente se arrastraban hasta Asuán. La travesía había durado 18 días. Bruce volvía a la civilización. De aquí en adelante, el gobierno mameluco de Egipto, tenía el control y, él conservaba el “firmán”, del bey cairota. El gobernador de Asuán le fue de gran ayuda: Bruce recupera el equipaje abandonado en el desierto y, el 11 de diciembre se hace a la vela, río abajo hasta El Cairo. Un mes después, vestido como un mendigo, enfermo y agotado, sufriendo mucho a causa de los pies, llegaba a dicha ciudad. Allí dedica dos meses a recuperarse, de modo que por la época en que se embarca para Europa, marzo de 1773, sólo le molestaba la dracontiasis. Al intentar extraer el parásito de la rodilla, ésta se había roto y la pierna retraído de nuevo. Atraca finalmente en Marsella, al cabo de tres semanas de viaje.
Diez años habían pasado, desde que el viajero viera por última vez Europa. A estas alturas su comportamiento, que ya lo era con bastante anterioridad, se había vuelto estrafalario. Habría sido de esperar, que se diera prisa en llegar a casa. Primero a Londres, para reencontrarse con los amigos y, darles noticias, luego a Escocia. Pero no hizo, nada de eso. Permanece un mes en Marsella, buscando tratamiento para la rodilla y, he ahí que traba amistad con Buffon, el célebre naturalista. Viajan juntos a París, donde durante dos meses, Bruce es agasajado muy agradablemente. Fue recibido por Luis XVI y, más adelante, enviaría algunas semillas de plantas raras etíopes, para el jardín del rey.
A continuación, vuelve al sur, a Italia. La razón declarada para este nuevo viaje, fue que la rodilla todavía le molestaba y, que pensaba probar los baños medicinales de Porretta, en los Apeninos. El verdadero motivo, sin embargo, era que había descubierto, como tantos y tantos soldados al regreso de la guerra, que su dama le había abandonado, por otro hombre. La dama en cuestión era María, una escocesa con la que, había llegado a tener relaciones formales, antes de partir para sus viajes.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.
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