El Nilo Azul. Bruce. El regreso. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A su regreso a su casa de Kinnaird, James Bruce se entregó a su pasión por la astronomía, levantando un observatorio en la parte alta de la casa. Allí se le podía localizar a menudo, ataviado con su turbante y traje etíope, observando aquellas mismas estrellas, que durante tanto tiempo le habían contemplado desde lo alto, en las montañas de Etiopía. Seguía siendo un vigoroso jinete, pero engordó tanto, que los laterales de su coche, se curvaban cuando se subía a él. Era un terrateniente con estilo, todavía con sus excentricidades, que envejecía elegantemente.
Sin embargo, la resentida indignación seguía viva. Nunca publicó nada. Ordenó sus diarios, e hizo las traducciones de los documentos etíopes, pero se negó en redondo, a entregar nada a la imprenta. Quizá más hubiera valido, que todo hubiera continuado así. Pero le aguardaba, una vez más, la tragedia. En 1778, cuando tenía 58 años, fallecía su joven esposa. Bruce sintió este golpe, en lo más hondo del alma. Sus amigos, en un esfuerzo por arrancarlo de la melancolía y la indiferencia, le urgieron a que sacara a la luz un relato de sus viajes; y por fin cedió. Después de todo, los críticos habían tenido su momento de malicia, 14 años atrás, así que era muy poco probable, que se lanzaran al ataque por segunda vez. El libro iba a ser, su justificación final.
Bruce no sería el primer viajero en averiguar, que escribir puede resultar, en otro contexto, tan pesado como el más arduo viaje. De modo que acometió la tarea con grandes dificultades y, muy lentamente. No obstante, se le encontró un amanuense, un tal B. H. Latrobe, pastor de la iglesia morava en Fetter Lane, por lo que, en mayo de 1788, baja a Londres para trabajar con él, alquilando un piso en Buckingham Street, a la altura del Strand Latrobe ha dejado un relato, de su colaboración con el gran viajero. Cuenta que visitó a Bruce “y empezó de inmediato a trabajar con él; me dictaba sus ideas, dejando en gran medida a mi propio criterio, en qué términos iba a expresarlas… De esta manera, le escuchaba todas las mañanas, desde antes de las ocho y, muy a menudo, tenía que quedarme hasta las nueve de la noche; en todo este tiempo yo trabajaba sin descanso, a menos que se viera en la necesidad, de recibir a algún amigo que le visitaba, o que diera en quedarse dormido, en medio del dictado, o durante el almuerzo, pues el desayuno y el té, se procuraba que no interrumpieran la empresa”.
Latrobe señala que, además de preparar para la imprenta, los nueve volúmenes en folio del manuscrito, “tarea muy tediosa y desagradable… tuve la desgracia de ofenderle en una o dos ocasiones, al tratar de eliminar unos errores gramaticales”. En junio de 1789, un año después de iniciado, el trabajo estaba concluido”.
Después de eso, Latrobe continúa proporcionándole información y libros que precisaba, pero no recibe nunca respuesta. A la larga, llega a la conclusión de que Bruce, ya no le trata como amigo y, además ahora necesita el dinero: “Le escribí en calidad de “clérigo”, una carta en términos tan corteses como pude, recordándole su “remuneración”. No hay respuesta de Escocia y, Latrobe escribe una vez más. Por fin, al cabo de más de dos meses de espera, recibe la siguiente misiva:
Mr. Latrobe
Señor:
He recibido su carta y realmente nunca pensé que se creyera con derecho a cobrar, ni sé bien por qué, pues todo aquello no me fue de ninguna utilidad… En cuanto a su revisión del libro, jamás esperé que fuera a servirme de algo – en realidad ha sido de tan poco, que lo he cambiado por completo, componiéndolo de nuevo y escribiendo bastante desde que usted lo viera y, tampoco es que su revisión del manuscrito me haya ahorrado una hora de trabajo. Elmsley (el representante de Bruce en Londres) tiene una cuenta conmigo… Si él quisiera adelantarle algo así como cinco guineas, por mí, ya se las reembolsaré, que las cargue al total, pero nunca creí tener otra deuda en Londres.
Su más humilde servidor,
James Bruce.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.