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Capitán Richard F. Burton. Convertido en musulmán. I


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Richard F. Burton y el 18º Regimiento de Infantería Nativa de Bombay, habían llegado a Ghara exactamente cuando, a finales de enero, los ismaelíes iban a dar inicio a las ceremonias conmemorativas, de la tragedia de “la Ashura”, el gran auto de la pasión, por así decirlo, de los shiíes y, en cualquier caso, una de las festividades de mayor relevancia en el calendario, ya que es la rememoración del martirio, no sólo padecido por el califa Ali (asesinado en el año 661 de nuestra era, cuando iba camino de la mezquita), sino también el de sus hijos Hasan (del cual se pensaba que fue envenenado) y, sobre todo, Husayn y su séquito, unas doscientas personas, que cayeron en una emboscada tendida por un rival, el usurpador califa Yazid. Aquel grupo pasó diez días sin agua, combatiendo sin cesar al enemigo, bajo el tórrido calor del desierto iraquí, cerca de Karbala, hasta que uno por uno, murieron todos, acontecimiento que se recuerda anualmente, en los intensos autos purificadores, en aras de los cuales, los fieles shiíes de todo el mundo, afrontan la miseria del sufrimiento y la muerte. En las lamentaciones de la “Ashura”, nombre que recibía la privación de agua y la batalla en sí, los hombres se golpean el pecho desnudo, hasta hacerse sangre, sin dejar de entonar cánticos, letanía y gemidos, hasta entrar en un frenesí inenarrable, en carne viva. Los aullidos y los gimoteos, quedan flotando en el aire. Los hombres y las mujeres se desmayan por igual, presa de un éxtasis místico.

Pocos meses más tarde, en 1844, la labor de acoso e intimidación llevada a cabo por Burton, sobre la persona del agha khan, con objeto de que regresara a Persia, para encabezar la revuelta contra el sha Qajar, dio sus primeros frutos. Se organizó, acto seguido, en las colinas del este de Persia, una campaña para presionar a los jefes beluchistaníes independientes o indecisos, que aún no se habían sometido, al poder de los británicos. La Compañía de las Indias Orientales, iba a utilizar a los ismaelíes, para resolver los problemas que tenía pendientes, con los molestos khanes de la región, al tiempo que los ismaelíes, iban a sacar buen partido de los británicos, al conseguir hacerse con la provincia de Makran, en la ruta hacia Kerman. El hermano del agha khan, Muhammad Baqir Khan, tocó tierra en las costas de Makran, procedente de sus bases del Sind y, mientras sus fuerzas combatían, por establecer una cabeza de playa, Muhammad Baqir se vio enzarzado en una pugna sin orden ni concierto, infructuosa, que iba a durar dos años, mientras el agha khan se retiró a su campamento de Ghara, para perfilar otros planes.

A pesar de los atractivos de la corte del agha khan, a pesar de sus creencias religiosas esotéricas, la vida en Ghara no pudo resultar más aburrida para Burton. Poco después pudo abandonar su puesto y, durante los años de 1844 y 1845, realizó una serie de misiones, encomendadas por el general Napier, sin perder de vista en ningún momento, a los ismaelíes. Hizo abundantes viajes por muy diversos rincones del Sind, recorrió el delta del Indo, remontó el propio río, hasta llegar a la linde del Punjab y, atravesó los cerros de Beluchistán, donde comprobó que el agha khan, más que guerrear en efecto, alardeaba de hacerlo. Se hizo pasar por mercader o por jornalero, aunque el disfraz que más le gustaba impostar, fue el de derviche. Parece ser que durante esta etapa se convirtió al islamismo, aunque se adscribiese más, al credo herético de los shiíes ismaelitas, con influencias sufíes y, no tanto a la ortodoxia de los sunníes. “Se le ordenó insertarse entre las tribus salvajes de los cerros y las llanuras, para recabar información que fuese útil a sir Charles (Napier), escribe Isabel Burton en “The Life”, No se internó en esa región, en calidad de oficial del ejército británico, ni tampoco como comisionado, ya que, de ese modo, sólo podría haber visto, aquello que los nativos hubiesen querido mostrarle. Así pues, corrió un tupido velo, entre su persona y la Civilización, ya que un derviche sucio, harapiento, podría andar a pie por donde le viniera en gana, alojándose en el pórtico de las mezquitas, en donde el pueblo llano le veneraría como a un santo, mezclándose con las compañías más extrañas que se pueda imaginar, uniéndose a las tribus de Beloch y de Brahui, acerca de las cuales, por entonces, no se sabía nada”.

Pues eso.

(Continuará.)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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