Voltaire. Diccionario Filosófico. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Sin duda la idea de un diccionario filosófico, a poder ser portátil, flotaba en el ambiente. Desde 1750, Federico II de Prusia, se propuso honrar “el espíritu de Bayle”, encargando un resumen del “Diccionario histórico y crítico”.
En 1743, poco antes, el secretario de la Academia de Berlín, había propuesto adaptar el diccionario de Chambers, es decir, el mismo que propició la “Enciclopedia” de Diderot, al traducirlo al francés. Sin embargo, cuando los dos primeros volúmenes de la “Enciclopedia”, fueron censurados en 1752, por la Facultad de Teología de París, Voltaire escribe a D’Alembert lo siguiente, en referencia a Federico el Grande: “Es cierto que una obra semejante, debía hallarse lejos de los fanáticos, bajo la mirada de un rey, tan filósofo como vos, pero los recursos escasean aquí. Hay muchas más bayonetas que libros. El rey ha embellecido Esparta, pero no ha rendido culto a Atenas, sino en su gabinete y, hay que reconocer que solo en París, podréis culminar vuestra gran empresa”. Pero lo que no dice Voltaire, es que, como chambelán de su majestad, él mismo tiene acceso al gabinete del rey y, a su bien surtida biblioteca.
La ocurrencia de aquella sobremesa, relatada por Collini (recordemos, el secretario de Voltaire) tuvo cierto recorrido. Voltaire y Federico II, se intercambiaron varias notas al respecto. Federico pretende responsabilizarse, impartiendo directrices. Habría que comenzar, por establecer la tabla alfabética de los artículos, elegir los principales, evitar las menudencias y, los artículos subordinados unos a otros, a fin de preservar la unidad del objetivo, que debe perseguir una obra de este tipo. Pero no acoge favorablemente, las sugerencias de Voltaire, ni su memoria detallada, o su desdén por la financiación, algo sobre lo que Voltaire se defiende, con su habitual impertinencia: “Me habría parecido una enorme indiscreción por mi parte, sugerir a vuestra majestad, nuevos gastos para mis fantasías, cuando me da cinco mil escudos anuales, por no hacer nada en absoluto”.
Del proyecto inicial, se hará eco el marqués de Bayreuth, quien escribe a su hermano que, “bajo la dirección de Voltaire, se trabaja en un “Diccionario de la razón”, cuyo solo título espantará a los devotos”. Pero Voltaire pronto advirtió, que no le apetecía consagrarse a “bagatelas antirreligiosas”, destinadas a complacer a un rey, que se revelaba cada día más, como un político intrigante. La verdad es que ese diccionario, le hubiese impedido a Voltaire, abandonar Prusia y, quizá este era uno de los designios del monarca, al endosárselo ¿Y acaso hubiera podido Voltaire, llevar a cabo en Prusia, una “enciclopedia de la razón”, bajo los auspicios de un altivo rey, que tenía su propia concepción personal, de la filosofía y, debía colaborar en la obra?
El éxito fulgurante de “Cándido” (1759), el ajuste de cuentas consigo mismo de sus “Memorias”, el creciente compromiso personal, en su lucha contra la infamia, hará que aquella “Enciclopedia de la razón”, sujeta al albur del monarca prusiano, dé paso a un “Diccionario filosófico”, donde aflora una libertad, trabajosamente conquistada. Voltaire conquista una independencia, que le libera de las doradas cadenas cortesanas. A finales de 1759, el flamante patriarca de Ferney, podrá decir: “No conozco otra libertad, que la de no depender de nadie y, he alcanzado esa meta tras perseguirla toda mi vida”. El “Diccionario filosófico” será finalmente, la obra de un anciano jovial y sin trabas, no la de un cortesano constreñido por los requiebros del halago, la obra de un hombre que se enorgullece de su independencia y, de la actividad intelectual que despliega. “Si alguien me preguntara – escribe a D’Alembert en 1759 – que hago en mi choza, le respondería que reino, añadiendo que compadezco a los esclavos. Vuestro pobre Diderot, se hizo esclavo de los libreros y, se convirtió en el de los fanáticos”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.