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Capitán Richard F. Burton. En la Corte del Agha Khan. III


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El agha khan confiaba en apoderarse de Kerman. Y mantener vivas esas expectativas, no podía sino redundar, en beneficio de los intereses británicos. De este modo, recién llegado al Sind, Richard F. Burton se encontró, no sólo embebido en el estudio de la lengua administrativa, común en la India musulmana – el persa – con su alteza real mirza Hosayn, sino también con el encargo, de vigilar estrechamente, al muy resbaladizo príncipe imam, que podría ser de considerable utilidad, para la Compañía de las Indias Orientales, si contribuyese a desmantelar, la muy impopular dinastía Qajar, que era favorable a los intereses rusos y, que gobernaba desde Teherán (en realidad la dinastía Qajar, no fue depuesta hasta 1925, cuando el sha Reza Palevi, se hizo con el trono).

Muhammad Hosayn, profesor de persa de Burton, era uno de los miembros más prominentes de una importantísima familia y, había sido un general que se labró cierta reputación, en las batallas contra el sha, comandando con particular gloria diversas campañas, primero contra los beluchistaníes y, después, en los catorce meses, que duró la defensa de una ciudadela en Bam, que el agha khan había arrebatados al sha. Su familia gozaba de una espectacular riqueza, gracias a los continuados tributos de los fieles ismaelíes y, también al sólido estipendio, que percibía de la Compañía. Que un miembro importante de una familia, que descendía del santificado Ali, se viese reducido a enseñar persa, a dos jóvenes oficiales ingleses, es algo que tuvo que obedecer a otras razones. El mirza Hosayn, aflora a la superficie de los escritos de Burton, una y otra vez, no sólo en “The Life”, sino también en “Falconry in the Valley of the Indus” y, en otros textos.

Aparte del mirza Hosayn, de Ali Akhbar y de mirza Daud, Burton no encontró que la familia real, fuese particularmente afable. El odio podía arraigar en lo más profundo de Burton, de natural rencoroso y, permanecer mucho tiempo en su interior. Los indicios que Burton pudiera inferir del agha khan, las pistas que el imam expusiera con imprudencia, ante el ojo crítico del joven Burton, nos son desconocidos. Sí sabemos, que sintió una implacable enemistad por el príncipe, el cual, a juzgar por la información fragmentaria, que ha podido sobrevivir, no fue, por cierto, una persona digna de aprecio. El intento de rebelión del agha khan, a Burton le pareció “ridículo”, exactamente igual que las dotes militares del príncipe. En un mundo en el que las proezas, o la simple valía, en el campo de batalla, eran elementos claves, de cara al buen funcionamiento del gobierno, el agha khan era un inepto.

Pese a su resentimiento por el agha khan y lo khojas, Burton se vio absorbido, por las doctrinas ismaelíes. Entendió que existía cierta relación, con algunas de las creencias cabalísticas, de las que había tenido conocimiento en Oxford, en especial, el uso místico de los números. El meollo de las creencias ismaelíes, ha eludido y confundido a los eruditos, ya que muchas de las obras esenciales de la secta, fueron incineradas por sus adversarios y, su substancia es conocida únicamente, a través de extractos citados por sus enemigos, con la intención de refutar su hipotética validez. Los ismaelíes no recibieron el sobrenombre de “partidarios del Séptimo”, debido únicamente a su último imam. El “siete” era, además, el número primordial de su escatología. No sólo fueron siete los imanes: siete fueron los cielos de la historia, identificados con los siete “natiqs” (literalmente oradores): Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, Mahoma y, por último, el imam desconocido, que había de completar el ciclo. El siete se aplicaba, asimismo, a las interpretaciones esotéricas, sobre todo del Corán, ya que las primeras palabras del Sagrado Libro, están escritas en árabe, sólo con siete caracteres, que según se cree, remiten a los siete natiqs. A partir de estas siete letras, se derivan otras doce, que simbolizan los doce descendientes de cada natiq. La primera azora o capítulo coránico, consta de siete versos, que representan los siete estadios de la religión.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.