Como ya avanzamos el ataque de Francis Palgrave contra Burton fue despiadado, pero la respuesta de Burton no lo fue menos, pecando ambos tal vez de injustos. Burton señaló que Palgrave, protestante de nacimiento y de ascendencia judía, era como si “Satán predicase contra el pecado”. Ahora bien, el fondo de la cuestión, era que Palgrave se había mofado del islam. A lo que Burton respondió lo siguiente: “¿Qué puede haber, me pregunto, en la peregrinación islámica, que tan ofensivo resulte a los cristianos? ¿Qué es lo que se convierte en objeto de “ridiculización interior”? ¿Acaso no veneran los musulmanes a Abraham, el Padre de los Fieles?... Lo cierto es que el islam con todos sus dogmas capitales, se acerca muchísimo más a la fe de Jesucristo, que las modificaciones de Paulino y Atenasio que, hasta nuestra fecha, han dividido la mentalidad indoeuropea, entre el catolicismo y las iglesias griega y rusa, luterana y anglicana… El musulmán seguramente es más tolerante, más ilustrado, más caritativo que muchas de las sociedades que se tiene por buenas cristianas”. Aunque retar a un hombre como Palgrave en 1865, era algo que no entraba en cabeza alguna. De hecho, hasta mucho después, no se demostró que buena parte de lo que había referido, de lo que había insistido en que era su experiencia personal, era en realidad conocimientos que había obtenido de segunda mano, de los propios beduinos, o que había leído en obra arábigas.