Bertrand Russell. Sobre el disparate intelectual. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La moral moderna, según Bertrand Russell, es una mezcla de dos elementos: por un lado, preceptos racionales en cuanto a cómo vivir pacíficamente en una sociedad; y, por el otro, tabús tradicionales, derivados originariamente de alguna antigua superstición, pero más tarde de libros sagrados cristianos, mahometanos, hindúes o budistas. No deja de ser muy raro, que los hombres modernos, que tienen conciencia de lo que la ciencia ha hecho, de la vida social, estén todavía dispuestos a aceptar la autoridad de textos, que expresan la opinión de tribus pastorales o agrícolas, sumamente ignorantes.
Existen dificultades lógicas, en la noción de pecado. Se nos dice que el pecado, consiste en la desobediencia a los mandamientos de Dios, pero también se nos dice que Dios, es omnipotente. Si lo es, nada contrario a su voluntad puede ocurrir. Por lo tanto, cuando el pecador desobedece su voluntad, Él debe haber querido que tal cosa sucediera. San Agustín acepta audazmente este punto de vista y, afirma que los hombres son conducidos al pecado, por una ceguera de que Dios les hace objeto. Pero la mayoría de los teólogos en los tiempos modernos, han reconocido que, si Dios obliga a los hombres a pecar, no es justo enviarles al infierno, por lo que no pueden evitar.
Los que, como Spinoza, toman en serio la omnipotencia de Dios, deducen que no puede existir el pecado. Esto trajo espantosos resultados. ¿Cómo? – dijeron los contemporáneos de Spinoza - ¿no había sido una maldad de parte de Nerón, el haber asesinado a su madre? ¿No fue una maldad que Adán se comiese la manzana? Spinoza se escapa del apuro, pero no encuentra ninguna respuesta satisfactoria. “Sí” todo ocurre de acuerdo con la voluntad de Dios, Dios tiene que haber querido que Nerón, asesinase a su madre. Por lo tanto, puesto que Dios es bueno, el asesinato debe haber sido, una cosa buena. Resulta imposible, escapar a este argumento.
Por otra parte, los que piensan sinceramente, que el pecado es desobediencia a Dios, se ven obligados a decir, que Dios no es omnipotente. Esto salva todos los quebraderos de cabeza lógicos y, es el punto de vista adoptado, por ciertas escuelas de teólogos liberales. Sin embargo, tiene sus propias dificultades ¿Cómo podemos saber en realidad, cual es la voluntad de Dios? Si las fuerzas del mal, tienen cierto grado de poder, pueden engañarnos y llevarnos a aceptar, como cosa de las Escrituras, lo que verdaderamente es cosa de ellos. Esta era la opinión de los gnósticos, que pensaban que el Antiguo Testamento, era obra de un espíritu maligno.
En cuanto abandonamos nuestra propia razón y, nos contentamos con confiar en la autoridad, nuestras dificultades no tienen fin ¿La autoridad de quién? ¿La del Antiguo Testamento? ¿La del Corán? En la práctica, la gente elige el libro considerado sagrado, por la comunidad en el seno de la cual nacieron y de ese libro, escoge las partes que le gradan, haciendo caso omiso de las demás. En una época, el texto más influyente de la Biblia era: “No permitirás que una bruja viva”. Ahora, la gente pasa por alto ese texto, si es posible, en silencio, si no, con una disculpa. Y así, aunque tengamos un libro sagrado, todavía seguimos eligiendo como verdadero, lo que se acomoda a nuestros prejuicios. Ningún católico, por ejemplo, toma en serio, el texto que dice que un obispo, debe ser el marido de una esposa.
Las creencias de las personas tienen varias causas. Una es la de que existen ciertas pruebas, que respaldan la creencia en cuestión. Esto lo aplicamos a cuestiones de hecho, tales como “¿Cuál es el número de teléfono de Fulano de Tal?” o “¿Quién ganó el Campeonato del Mundo?” Pero, en cuanto se trata de algo más discutible, las causas de la creencia, se tornan menos defendibles. Creemos, ante todo, en lo que nos hace sentir, que somos magníficos sujetos.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.