Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La reacción inmediata que tuvo Richard Burton ante John Hanning Speke, fue favorable y amistosa. El recién llegado le pareció experto, valeroso, fuerte e interesado por la exploración. Más adelante, Burton trataría de realizar una valoración de Speke más justa y razonable, aunque ello tendría lugar después de la muerte de Speke, en un momento en que Burton sintió la necesidad de dar alguna explicación, por las diferencias que, casi de inmediato, surgieron entre ambos.
De todos modos, para entonces era harto difícil, que Burton ocultase sus verdaderos sentimientos y, que permaneciese neutral. Intentó dejar bien claro que “no me considero enemigo de los fallecidos”, tal como escribe, tras la trágica muerte de Speke, a resultas de un disparo:
“No hay un hombre capaz de apreciar mejor que yo, la nobleza y la energía, el valor y la perseverancia que poseía de forma eminente, pues le conocí y le traté durante muchos años y, viajé con él como si fuera mi hermano, antes de que la desafortunada rivalidad por la Fuente del Nilo, surgiera como un fantasma de la discordia entre nosotros, rivalidad que se encendió como una fogata, por los celos y la ambición de los “amigos”.
Speke, según escribe Burton, “no estaba cualificado para aquella exploración… Ignoraba todo lo relativo a las razas indígenas de África… No conocía ni una sola de las costumbres de Oriente… Me pareció que iba a echar a perder su dinero, su “permiso” y, hasta su propia vida. ¿Por qué debí haberme molestado? No lo sé”. Al aceptar a Speke como miembro de pleno derecho, en la Expedición de Somalia, Burton salvó el dinero y el permiso de Speke. Uno de los problemas más graves, fue que Speke afirmase e insistiera en “haber explorado el Tíbet”, hecho que resultó mero alarde. Todo lo que sabía de dicho país, se lo debía a su amigo, el afamado capitán Edmund Smyth, un aventurero del estilo de Burton, que, al parecer, había explorado el Tíbet en misión secreta, primero en 1851 y después en 1853. Y lo que más abrumó a Burton y a los otros oficiales, fue que Speke dijera que le encanaba comer la carne de los fetos que encontraba, en las entrañas de los animales cazados.
Speke tenía oros defectos más graves, sobre todo a la luz de los peligros que habría de afrontar la Expedición de Somalia. Su ignorancia sólo era sobrepasada por su ciega ambición. “Antes de emprender la expedición declaró abiertamente ante todos nosotros, que estaba cansado de vivir y, que había venido a África a morir”. Con todo, a pesar de la molesta y descorazonadora admisión de Speke, Burton hubo de decir que “cuando se presentó la oportunidad, se condujo con prudencia y coraje”. De todos modos, “el teniente Speke era un hombre dificilísimo, por no decir imposible de manejar”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.