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Bertrand Russell. Sobre el disparate intelectual. II


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Siguiendo con Franklin y su pararrayos, parece que Dios se puso a la altura de la situación, al menos si hemos de creer al doctor Price, uno de los principales teólogos de Boston, en aquellas fechas. Como el rayo se había tornado ineficaz, por las “puntas de hierro inventadas por el sagaz doctor Franklin”, Massachusetts fue sacudido por temblores de tierra, que el doctor Price supuso debidos a la ira de Dios, contra las “puntas de hierro”. En un sermón sobre el tema dijo: “En Boston se erigen en más cantidad que en cualquier otra parte de Nueva Inglaterra y, Boston parece ser la más espantosamente sacudida ¡Oh!, es imposible escapar a la mamo de Dios”.

Este punto de vista existió incluso en Inglaterra. Durante la guerra de 1914 a 1918 (PGM), el gobierno británico, hizo mucho para estimular la producción de alimentos en la metrópoli. En 1916, cuando las cosas no iban bien, un sacerdote escocés escribió a los periódicos, para decir que el fracaso militar se debía al hecho de que, con la aprobación del gobierno, se habían plantado patatas en domingo.

Russell decía que, a veces, le escandalizaban las blasfemias de los que se creen piadosos: por ejemplo, las de las monjas que jamás toman un baño, sin vestir una camisa de baño. Cuando se les pregunta por qué lo hacen, puesto que ningún hombre puede verlas, responden: “Ah, pero olvida usted al buen Dios”. Aparentemente, conciben a la deidad como un mirón, cuya omnipotencia le permite ver a través de las paredes de los cuartos de baño. Este punto de vista – escribe Russell – me resulta curioso.

Toda la concepción del “pecado” me deja siempre desconcertado, supongo que es por mi naturaleza pecadora. Si el “pecado” consistiese en causar sufrimientos innecesarios, supongo que podría entenderlo. Pero, por el contrario, el pecado consiste a menudo, en evitar sufrimientos inútiles. Hace ya mucho, se presentó en la Cámara de los Lores, un proyecto de ley para legalizar la eutanasia (hoy, menos mal, ya está legalizada en los países más civilizados) en los casos de enfermedad dolorosa e incurable. Sería necesario el consentimiento del paciente, así como varios certificados médicos. Pero el arzobispo de Canterbury en aquellos años, el mayor experto inglés en materia de Pecado, explicó lo erróneo del acto de pedir el consentimiento del paciente, pues ello convertiría la eutanasia en suicidio y, el suicidio es pecado.

Me resulta imposible creer en la existencia de Dios, pero mucho más, en la de un Dios que se complace en contemplar las torturas. Pero esto, claro está, no es sino prueba de mi depravación moral. En cuanto a la resurrección de los cuerpos, el día del Juicio Final, que creo recordar es un artículo del Credo, es un dogma que tiene varias y curiosas consecuencias. Hubo un autor, ya hace años, que tenía un ingenioso método de calcular, la fecha del fin del mundo. Argumentaba que ha de haber bastante, de los ingredientes necesarios a un cuerpo humano, para proveer a todos, de los indispensables en el Último Día. Calculando cuidadosamente la materia prima disponible, decidió que ya se habría utilizado toda en tal fecha. Y, cuando ese día llegue, el mundo debe terminar, puesto que, de otro modo, la resurrección de los cuerpos, se tornaría imposible.

Nos contaba Bertrand Russell, que santo Tomás de Aquino, analizó larga y seriamente un gravísimo problema. Se imagina a un caníbal que nunca ha comido otra cosa que carne humana y, cuyos padres, antes que él, tuvieron igual propensión. Cada una de las partículas de su cuerpo, pertenecen por derecho a otra persona. No podemos suponer, que todos los que han sido comidos por caníbales, quedarán excluidos para toda la eternidad. Pero, si no es así ¿qué le queda al caníbal? ¿Cómo se le asará convenientemente en el infierno, si todo su cuerpo es devuelto, a sus antiguos dueños? Esta es una cuestión intrigante, como bien se da cuenta santo Tomás.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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