Del propio Pitágoras, que fue contemporáneo de los primeros milesios, no se conserva ningún escrito. Pero la doctrina de la escuela del conjunto que lleva su nombre y, que se elaboró durante varios siglos, merece la pena ser esbozada aquí, en razón, por una parte, de la posible relación que es posible discernir, entre algunos de sus conceptos y, la idea atómica o conceptos parecidos de Platón y, por otra parte, porque representa la primera tentativa, una tentativa bastante peculiar, de matematización del mundo. Esta doctrina ha sido asimilada por J.O.Dumont, a una “teología aritmética”. En efecto, según los pitagóricos, el número es la esencia de las cosas. Los números están en la base de lo real, constituyen las cosas y el mundo. Dicho de otro modo, el número es el “argé” (principio, fundamento o comienzo) el elemento primordial, el principio del que deriva el universo. Dejemos la palabra a Aristóteles: “Los llamados pitagóricos, fueron los primeros que se interesaron por las matemáticas y, las hicieron progresar. Como habían sido educados en esta ciencia, creyeron que sus principios, eran los principios de todas las cosas y, ya que, por naturaleza, los números son los primeros de los principios matemáticos, creyeron ver en los números, numerosas similitudes con los seres eternos, y también con las criaturas sometidas al devenir y, pensaron que los números eran mucho más reales incluso que el fuego, la tierra y el agua.