Talleryrand. La revolución al fin. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Asustado Talleyrand por lo que veía venir, corrió a Marly, segunda residencia real fuera de París, donde se había refugiado el rey tras la muerte del delfín, a proponer a los que quisieran escucharle, que la única solución posible era el que el rey se transformara “por voluntad propia”, en monarca constitucional a la inglesa y, pasara a apoyar su autoridad , ya no en un pretendido “derecho divino”, que nadie sabía que era, sino de dos cámaras, la de los comunes, elegida y, a la de los pares, integrada por la nobleza y los altos pares. Poe más que no se cansó de repetirles “yo os he prevenido, haced lo que queráis”, no le hicieron caso y, la Asamblea ya había tomado demasiada delantera, como para dar marcha atrás. Algo tenía claro el obispo de Autun ante aquella inconsciencia: no estaba dispuesto a perderse con ellos.
Con independencia de cómo pensaba que acabara la cosa, Charles-Maurice se dio cuenta de que no podría mantenerse al margen, del tifón que se acercaba por momentos. Como en tantas ocasiones a lo largo de su vida, en que hubo de afrontar situaciones caóticas o inesperadas, el obispo de Autun no tardo en decidir que hacer. Lo resumió en una frase: “Me puse a disposición de los elementos”, es decir, se permitió plena libertad de acción. Se dejaría arrastrar por la corriente, tratando de salvar, en todo momento, cuanto fuera susceptible de ser salvado. Primero a sí mismo y, de ser posible, la misma civilización que había conocido desde que naciera y, que le parecía a todas luces insuperable.
El 14 de julio, tras ser apartado Necker del poder, un hombre muy querido por el pueblo, de la dirección de los enloquecidos Estados Generales, una multitud enfurecida tomó la Bastilla, la prisión de París y símbolo de la opresión real y, se produjeron los primeros linchamientos populares. El rey se vio obligado a recuperar a Necker que se hallaba ya en la frontera y, a devolverlo a la capital para evitar males mayores El banquero fue recibido en París como un mesías y, para su hija Germaine, que adoraba a su padre, aquel “fue el día más feliz de su vida”. Pero aquella fiesta improvisada constituyó solo una pausa, una ilusión.
En calidad de primer ministro di Finanzas, Necker se opone a la a la Asamblea constituyente y, en especial a Mirabeua, líder de lo que aquel momento podían llamarse “los populares”. Los diputados rechazan las propuestas financieras de Necker, basadas en sus tradicionales métodos de anticipos y préstamos. Luego, tras la expropiación de los bienes de la Iglesia, con el fin de “recapitalizar” el Estado, sugerida por el mismo Talleyrand y aprobada por la Asamblea, Necker se opuso terminantemente a la financiación del déficit con la emisión de asignados.
Pues eso.
(Continuara)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.