Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. IX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Cuando Speke explicó sus planes a James Outram, se llevó la sorpresa, de que ése se opusiera a los mismos. El agente no sólo le negó su ayuda, sino que llegó a afirmar, que jamás llegaría a internarse en África, “ya que las regiones que se encuentran frente a Adén son extremadamente peligrosas.” Y, por si fuera poco “los somalíes son de una naturaleza tan salvaje y hostil, que ningún extranjero podría sobrevivir entre ellos”. Se trataba pues de una prohibición firme y estricta, sólo que Outram accedió después, a que Speke sustituyera al llorado Ellerton Stocks, con quien había contado Burton.
De todas las personas que pasaron por la vida de Burton, Speke es, más que ningún otro, objeto de los avatares que se siguen del estudio, por parte de los psicoanalistas aficionados del siglo XX. Nacido en 1827, era el segundón de una familia de la nobleza rural, cuyos ancestros formaron parte de un antiquísimo clan del Yorkshire. Speke tuvo unos celos tremendos de su hermano mayor. No tenía sino un ligero barniz de educación: odiaba los “libros”. Había leído muy poco, ya que padeció serios ataques oftálmicos, afección que iba a sufrir también en su edad madura. Es incluso posible que fuese levemente disléxico. Así pues, podría considerársele como poco menos que un caso de libro respecto del “complejo de segundón”, que ha de pasarse la vida entera intentando demostrar su valía, cosa que hizo con cierta distinción en la India. Prestó servicio en la guerra contra los sijs y, obtuvo ciertas condecoraciones, debido a alguna que otra hazaña de grandeza. Durante toda su carrera militar fue un solitario, un “buen soldado”, que pasaba a solas su tiempo libre. A tenor de los criterios militares imperantes, llegó a ser el soldado ideal: trabajador, valiente en el combate, un perfeccionista que siempre intentó complacer a sus superiores, sin meterse jamás en ningún lío. Permaneció al margen de las nativas (y de las esposas de sus compañeros oficiales) y tampoco bebía ni jugaba.
Por suerte para la estima que se tenía, nunca fue desafiado hasta que Burton lo hizo. Más problemático era que se jactase de haber explorado el Tíbet y, haber realizado buenos mapas del terreno. Pues por el Tíbet había ya pasado una riada de almas europeas, entre ellos los misioneros jesuitas. En consecuencia, las circunstancias en que vivía Speke entonces, sus fantasía y deseos, los celos que sentía respecto a Burton, eran razones que justificarían de sobra, su ulterior comportamiento. Deseaba que se le conociera como al hombre que descubrió las fuentes del Nilo, honor que no estaba dispuesto a compartir con nadie y, menos aún con Burton.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.