El átomo y los atomistas II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Leucipo y Demócrito
Para los atomistas, el “no ser”, el “no algo”, tiene la misma realidad que el “se” o “algo”. Además, la doctrina de Leucipo y Demócrito, puede concebirse como un proceso de desmembramiento al infinito de una entidad única (el Uno) en muchas partes infinitesimales, en polvo de átomos, que puede así asimilarse con una infinita multitud de “unos” en sentido eleático. Es posible así, concebir la multiplicidad de las cosas y, simultáneamente, la posibilidad del cambio, al tiempo que se preserva el concepto de, una única substancia elemental. Finalmente, la existencia del vacío (negada por los eléatas), que hace posible el movimiento, permite a la doctrina traducir la realidad del mundo observable. Permite, en particular, separar el espacio de la materia, cuya identificación implícita, impedía a menudo su formulación estrictamente mecanicista, en los sistemas filosóficos anteriores al atomismo.
Dicho lo dicho, deberíamos centrarnos ahora en los átomos. En primer lugar y como su nombre indica, los átomos, corpúsculos elementales de la materia, son indivisibles. Son compactos y llenos, sin partes, de composición homogénea y no exhiben ninguna diferencia cualitativa. Son infinitos en número y, están animados de un movimiento constante y eterno. Sin embargo, se diferencian entre sí por tres características geométricas, a saber, la forma, la disposición (el orden) y la posición. A estas cabe añadir otras dos propiedades individuales de los átomos, el tamaño y el peso.
Los átomos están dotados de un movimiento continuo y eterno, no concertado y aleatorio, determinado por las colisiones que se producen entre ellos. Así, al colisionar, pueden, o bien rebotar “en la dirección a la que los lleve el azar, o bien, “aglutinarse según la congruencia de sus formas, tamaños, posiciones y disposición y, permanecer unidos, causando de este modo la generación de agregados” (Simplicio). La agregación se ve facilitada, por la multiplicidad de formas de los átomos – lisos, rugosos, redondos, puntiagudos, ganchudos, curvados – y al ser su nombre infinito, su asociación puede producir un número infinito de objetos y de mundos, pues, como dice Aristóteles, “al fin y al cabo, son las letras de un mismo alfabeto, las que componen tragedia y comedia”. Es una visión sorpréndete por su sencillez y coherencia, que Simplicio resume magistralmente en una fórmula: “Leucipo y Demócrito sostienen que los mundos, en número ilimitado y, ocupando el vacío ilimitado, se forman a partir de un número ilimitado de átomos”. Los conceptos de infinitud del universo y, uniformidad de la materia que lo constituye, son dos aspectos esenciales de la teoría atómica.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.