Bertrand Russell. Sobre el disparate intelectual III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Nos contaba Bertrand Russell, que los ortodoxos tienen una curiosa objeción contra la incineración, que demostraría una insuficiente confianza en la omnipotencia de Dios. Creen que un cuerpo incinerado, ofrecerá a Dios mayores dificultades, cuando quiera reunirlo, el día del fin del mundo, que otro que ha sido simplemente puesto bajo tierra y, transformado en gusanos. Sin duda, coleccionar las partículas del aire y, deshacer el trabajo químico de la combustión, sería un tanto laborioso, pero es verdaderamente blasfemo, suponer que tal trabajo, es imposible para la Deidad.
La Iglesia aprobó a desgana y con suma lentitud, la disección de cadáveres, en relación con el uso de la medicina.
El precursor de la disección fue Andrés Vesalio, médico de la corte del emperador Carlos V. Su habilidad médica, hizo que el emperador le protegiera, pero se vio en dificultades, cuando el emperador murió. Se dijo que un cadáver que estaba disecado, había dado señales de vida bajo el bisturí y, fue acusado de asesinato. La Inquisición fue inducida por Felipe II, a adoptar una actitud indulgente y, sólo se le sentenció, a un peregrinaje a Tierra Santa. En el viaje de regreso su barco naufragó y él murió de agotamiento.
Durante muchos siglos, los estudiantes de la Universidad Papa de Roma, sólo tenían permiso para operar sobre figuras de arcilla, que carecían de órganos sexuales.
Aunque hay muchas clases de pecado, sabemos que sólo siete son “capitales” y, que el campo más fructífero para las añagazas de satán, es el sexo. La doctrina católica ortodoxa a este respecto, la encontramos en san Pablo, san Agustín y santo Tomás de Aquino. Es mejor ser célibe, pero los que no tiene el don de la continencia, pueden casarse. Las relaciones sexuales en el matrimonio, no constituían pecado, siempre que fueran motivadas, por el deseo de tener descendencia. Todo trato carnal fuera del matrimonio, era pecado. Lo mismo que el acto sexual dentro del matrimonio, cuando se toma alguna medida, para evitar la concepción. La interrupción del embarazo, el aborto, es pecado (en estos días de 2025, aún andamos dándole vueltas al tema) aun cundo, en opinión médica, sea la única forma de salvar la vida de la madre. Porque la opinión médica es falible y, Dios puede salvar una vida por milagro, si Él lo cree conveniente (Este punto de vista, increíblemente, estaba incorporado, al menos hasta no hace tanto, en la Ley de Connecticut).
También podríamos preguntarnos, por qué las enfermedades venéreas, no fuero divinamente instituidas, hasta la época de Colón. Puesto que se trata, de la penalidad prescrita para el pecado, todas las medidas para evitarla, deben ser también pecado, salvo, por supuesto, una vida virtuosa. Las personas que se divorcian y vuelven a casarse, son culpables de adulterio a los ojos de Dios.
Algunos hombres eminentes también piensan, o pensaron, que la doctrina de la Iglesia Católica, es deplorablemente laxa, en lo que respecta al sexo. Tolstoi y el Mahatma Gandhi, en su vejez afirmaron, que “toda” relación sexual es malvada, incluso en el matrimonio y con vistas a la descendencia. Los maniqueos pensaban lo mismo, confiando en la pecaminosidad innata de los hombres, para proporcionarles continuamente, nuevas tandas de discípulos. Tolstoi piensa que el tabaco, es casi tan malo como el sexo (pues yo estoy listo). El tabaco empero, no está prohibido en las Escrituras, aunque fue cuestión de antigüedad y, como señala Samuel Butler, san Pablo, indudablemente, lo habría denunciado si lo hubiera conocido. No deja de ser extraño, que ni la Iglesia ni la opinión pública moderna, condenen las caricias, siempre que no pasen de cierto límite. Los casuistas difieren en cuanto al punto, en que comienza el pecado. Un eminente teólogo católico ortodoxo, estableció que un confesor, puede acariciar los pechos de una monja, siempre que lo haga sin mala intención.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.