Incertidumbre. ¿Cómo decide un electrón? IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Charles Galton Darwin, nieto del pionero de la evolución, se imaginaba vagamente, que cada átomo tenía una nube de electrones, que vagaba libremente por todas partes, dentro de un volumen que representaba el tamaño global del átomo. Para Rutherford el núcleo del electrón permanece en el centro, manteniéndolo todo unido. Pero cuando Darwin trató de contrastar su modelo con los ritmos medidos, a los que las partículas alfa se ralentizaban en varios metales, propuso unas dimensiones atómicas bastante diferentes, de los tamaños atómicos deducidos a través de medios más directos.
En su tesis Niels Bohr había conjurado una descripción simple, parecida a la de la conducción de la electricidad por los electrones, divagando por todas partes en los metales. Este modelo tampoco ayudó mucho, a explicar lo que se suponía que tenía que explicar. Bohr empezó a sospechar que el fallo común era que quizá los electrones, no podían moverse tan libremente, como él y Darwin suponían.
Bohr se percató de que, de algún modo, el núcleo de un átomo puede mantener su conjunto de electrones unidos a él, por medio de alguna fuerza de atracción. De forma que se imaginó que cada electrón, en lugar de moverse libremente, permanecía estático, vibrando adelante y atrás, algo así como una bola en un muelle. Esto no era más que una representación, una guía para la imaginación, pero le ayudó a pensar.
Entonces se produjo un paso trascendental, aunque rarísimo. Bohr propuso que los electrones no vibraban con ninguna cantidad de energía que se quisiera especificar. En lugar de eso, transportaban energía sólo en múltiples de cierta “cuantía” básica. Ahora bien, cuando las partículas alfa pasaban por algún material sólido, podía transmitir su energía a los electrones con los que se topaban, sólo en estas cantidades “cuánticas”. Tras unas cuantas banalidades, Bohr descubrió que podía entonces explicar mucho mejor, cómo se ralentizaban las partículas alfa. Perplejo pero satisfecho, escribió su dudosa teoría, envió el artículo para publicar y, regresó a Copenhague para casarse con Magrethe NØrlund, la hermana de un amigo de su época universitaria.
Lo que continúa siendo un tanto turbio hasta nuestros días, es la razón por la que Bohr realizó esta curiosa sugerencia: Sin duda, la idea de una cuantización de la energía no era nueva. Había surgido en 1900 de Max Planck, aunque en un contexto absolutamente diferente.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.