No fue hasta el año siguiente cuando les rayons uraniques de Becquerel llamaron la atención de una nueva investigadora, que estaba al acecho de un área inexplorada en la cual marcar un hito. Esta novata era Marie Curie, nacida María Sklodowska en Varsovia de padres maestros. Como Polonia en esa época, estaba bajo el opresivo dominio ruso, Maria y su hermana mayor Bronia, tramaron un plan para conseguir la libertad en cualquier otro país. Bronia marchó a París a estudiar medicina, mientras que María, a quien los franceses llamaban Marie, se decantó por la física y las matemáticas. Incluso en París, que era más acogedora para las estudiantes femeninas, que la mayoría de ciudades europeas, la suya fue una decisión valiente. El saber aceptado en aquellos tiempos, sostenía que la inteligencia femenina, si se podía educar, era más apta para las ciencias biológicas y médicas, más suaves. Pero Marie, obstinada e independiente, se forjó su propio camino. Conoció a Pierre Curie, un físico 8 años mayor que ella, pero igual de terco, y se casó con él. Ambos se embarcaron con determinación, en su propia línea de investigación.