Incertidumbre. ¿Cómo decide un electrón? II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Bohr viajó a Manchester para visitar a un profesor, un amigo de su recientemente fallecido padre. En una cena conoció a Ernest Rutherford, que había regresado de Canadá unos años antes, para ocupar un puesto en Manchester y quien casualmente conocía al mismo hombre. Unas semanas después, Rutherford visitó Cambridge, y él y Bohr volvieron a conversar. A todas luces, era Rutherford en Manchester y no Thomson en Cambridge, el que realizaba los trabajos y no Thomson en Cambridge, el que realizaba los trabajos más importantes en física en Inglaterra. Y, lo que, es más, Rutherford no era inglés y, Bohr le consideraba amigable y estimulantes. En marzo de 1912, Bohr logró trasladarse a Manchester, ostensiblemente para aprender a experimentar con la radiactividad. En esto resultó ser, sino totalmente inútil, indiferente en el mejor de los casos.
Rutherford continuó adelante con sus investigaciones sobre el átomo. Unos años antes, trabajando con su joven colega Hans Geiger (famoso por el contador Geiger) había logrado esclarecer, por fin, la identidad de las emanaciones radiactivas alfa. Eran partículas mucho más pesadas que los electrones, que presentaban dos cargas eléctricas positivas. Rutherford y Geiger descubrieron que, cuando se encontraban aisladas y, se les permitía ser eléctricamente neutras, las partículas alfa no se distinguían en nada de los átomos de helio. Evidentemente, en la desintegración alfa un átomo grande se convertía en algo pequeño, al expulsar un fragmento muy parecido al átomo ligero de helio.
Naturalmente, entonces nadie sabía lo que era un átomo, pero a Rutherford se le ocurrió que las partículas alfa, serían buenos proyectiles pesados, para disparar a otras cosas, para descubrir de que estaban compuestas. Él y Geiger, junto con un nuevo estudiante, Ernest Marsden, experimentaron con partículas alfa, disparadas desde una fuente radiactiva hacía láminas de oro. Geiger y Marsden permanecieron sentados en la oscuridad durante horas, dejando que sus ojos se sensibilizaran ante los minúsculos destellos de luz, que emergían cuando las partículas alfa se estrellaban en las pantallas fosforescentes que rodaban el experimento.
No estaban seguros de lo que esperaban que ocurriera. La mayor parte del tiempo, las partículas alfa navegaban en línea recta por la endeble lámina de oro, como si no estuviera. A veces, variaban un poco de dirección cuando pasaban, saliendo por la esquina más alejada formando un pequeño ángulo. Lo que sorprendió por completo a los investigadores, fue que en muy raras ocasiones alguna partícula alfa no lograba atravesar la lámina, sino que rebotaba del todo.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.