¿Qué hacer con el rey?. II
Que sepamos a día de hoy, ninguna animosidad personal contra Luis XVI, movía a los diputados. El mismo Robespierre lo confesó: “He sentido tambalearse en mi corazón la virtud republicana, en presencia del culpable humillado ante el poder soberano”. El juicio fue claramente una decisión política. Los regicidas, la mayoría, quería romper todos los puentes, que llevaran a una esperanza de compromiso. Al arrojar la cabeza del rey, como desafío a la contrarrevolución, se autoprohibían voluntariamente retroceso alguno, en el camino de la revolución.
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