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Charlotte Corday D’Armont. I


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Charlotte Corday, una hermosa mujer de Caen, a sus 25 años ya estaba consumida por un odio intenso, casi fanático, hacia los jacobinos, a los cuales hacía responsables de haber llevado a la República, al más bajo nivel de degradación.

Ella deseba ver el florecimiento de una república pues, aunque había nacido en una residencia de madera, en el seno de una familia de la pequeña nobleza normanda, no era, bajo ningún concepto, simpatizante de la monarquía. Había leído a fondo a Rousseau, y las consabidas historias de Roma, e imaginaba la Revolución, como un proceso destinado a promover una intensa transformación moral.

“Os preocupan y os incitan un Marat, un Robespierre, un Danton, y olvidáis que un pueblo entero sufre”. Estos ataques a la Montaña, fueron publicados y ampliamente difundidos en Caen, y parece probable que Charlotte pudo haberlos leído. Un feroz ataque a Marat, el “sanguinario” más célebre, circuló por Caen, y tal vez Charlotte lo consideró muy convincente. Como sea, a que cayera la cabeza de Marat, Charlotte llegó a la conclusión, de que esa era la vocación de su vida. Estaba dispuesta a convertirse en una mártir patriótica, en una mujer deseosa de morir, en el acto sagrado de desembarazar a la “patrie”, de un monstruo.

Marat mientras tanto, yacía enfermo es su casa de la rue des Cordeliers. Nunca había gozado de buena salud, pero últimamente había contraído una severa enfermedad que, en erupciones periódicas, convertía ésta, en una dolorosa combinación de escamas y llagas. El único alivio, cuando se manifestaba esta artritis psoriásica, era descansar en un baño frío. Así que cuando llegaban estas crisis, Marat se retiraba a su cuarto de baño, y continuaba trabajando sobre una pequeña mesa improvisada, que estaba a un lado de la bañera con forma de herradura.

Charlotte se había sentido decepcionada, al enterarse de la enfermedad de Marat, pues deseaba acabar con él, en medio de la propia Convención. Sin embargo era sabido, que el “amigo del pueblo” abría sus puertas, a todos los que necesitaran su ayuda, o podían informarle de una conspiración, de modo que decidió asesinarle en su casa. En una cuchillería próxima al café Fébrier, adquirió un cuchillo de cocina, con mango de madera y una hoja de unos treinta centímetros, y lo ocultó bajo el vestido.

Ya había subido la escalera de la casa de Marat, cuando Simonne (la prometida de Marat) que sospechó del deseo de Charlotte de ver a Marat, le cerró el paso. Mientras discutían, Charlotte elevó la voz de forma deliberada, para que Marat escuchara que ella deseaba proporcionarle información particular, sobre los traidores de Normandía. “Que entre”, llegó la voz procedente del baño. Ella lo encontró en el agua, con el acostumbrado trapo húmedo atado alrededor de la frente, y con un brazo colgando, sobre uno de los lados de la bañera. Durante unos quince minutos, hablaron de la situación en Caen. Para demostrar su impecable jacobinismo, Charlotte, respondiendo a la petición de Marat, de nombrar a los conspiradores, recitó una lista amplia. “Bien – replicó Marat – en pocos días lograré que todos sean guillotinados”.

La silla ocupada por Charlotte, estaba justo al lado de la bañera. Hubo tiempo para una sola cuchillada, bajo la clavícula, sobre el costado derecho. Tras cometer el crimen, Charlotte esperó indiferente que se cumpliera su destino. Atrapada casi en el propio delito, no deseaba evitar sus consecuencias, y sí, únicamente, explicar clara y fríamente sus motivos. Explicó serenamente que “después de haber visto que la guerra civil, estaba a punto de estallar en toda Francia, y convencida de que Marat era el principal autor de este desastre, había deseado sacrificar su vida por su país”. Charlotte Corday reconoció, que había viajado desde Caen a Paris con la intención de asesinar a Marat, pero insistió (para decepción de los investigadores) en que nadie más estaba implicado.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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