Ciencia básica y aplicada
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Tras el éxito de la ciencia, para descubrir y desarrollar media docena de vacunas contra la covid, batiendo todas las marcas de velocidad, una consecuencia previsible es que subirá mucho la presión sobre los financiadores, para desviar recursos a la ciencia aplicada, en detrimento de la básica. El estado de opinión es óptimo, en estos días, para apoyar la ciencia aplicada, porque todo el mundo entiende que si llega una nueva pandemia, necesitaremos vacunas cuanto antes.
Pero Javier Sampedro nos explicaba el otro día, que desviar fondos a la ciencia aplicada, sustrayéndolos de la básica, podría ser un error. El jurado de los premios Princesa de Asturias de investigación científica y técnica, ha hecho una apuesta clara por las vacunas contra el coronavirus, que puede parecernos obvia, pero que si lo pensamos bien, puede que no lo sea tanto. El diablo, como se dice, siempre mora en los detalles.
El “milagro” de las vacunas sólo ha sido posible, gracias a que la ciencia básica, llevaba décadas formulando, casi imaginando, en que podrían consistir las vacunas del futuro, y resolviendo los graves escollos que bloqueaban de facto, la aplicación clínica de estos conceptos rompedores hace tan solo diez años.
Una leyenda del mundillo científico, sostiene que el “premier” británico de la época preguntó a Michael Faraday (artífice con Maxwell de la unificación de la electricidad con el magnetismo como una sola fuerza fundamental): “Señor Faraday ¿para qué sirve todo esto? A lo que Faraday respondió: No lo sé, señor, pero algún día recaudará usted impuestos por ello”. La anécdota es muy probablemente apócrifa, pero merecería ser cierta, por lo bien que condensa una observación histórica redundante, que a día de hoy aún no ha sido asimilada por el gran público.
Son los avances en nuestro entendimiento de la naturaleza, no lo olvidemos, los que siempre llegan primero, y abren un nuevo espacio de aplicaciones, que nadie hubiera imaginado antes. Podríamos explicarlo con una perogrullada: que sin ciencia básica, no hay nada que aplicar. Para los políticos (y sé de que hablo) más si están en el gobierno, resulta casi irresistible, dedicar los recursos a la ciencia aplicada, que puede ofrecer cierta garantía, de que los resultados se verán antes del fin de la legislatura, que es lo que los políticos entendemos por “largo plazo”.
Pero ese automatismo psíquico, deberíamos eludirlo como al canto de las sirenas de Ulises, porque es terriblemente dañino para la ciencia. Para la aplicada tanto como para la básica.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.