Talleyrand y Catherine Noël Worlée. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La vida de Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, fue muy rica en acontecimientos, que discurren paralelamente a diversos niveles, como los motivos de una fuga musical, en la cual dos, tres, cuatro, a veces cinco voces, se cruzan y entrecruzan una y otra vez, superponiéndose unas a otras, con diferente intensidad y continúas variaciones. Unos de esos temas, en mi modesta opinión, merece una atención especial, por la repercusión que tuvo, en la vida íntima del personaje, y por la relación posterior con su patrón Bonaparte. Me estoy refiriendo a la irrupción, en la de su, ya de por si complicada existencia, de una mujer que no tenía nada que ver, con las damas que siempre rodearon su vida. Sucedió poco antes del golpe de Brumario, cuando Charles-Maurice era todavía, ministro de Asuntos Exteriores del Directorio.
Un día de marzo de 1789, una hermosa emigrada francesa, que había vivido parte de su vida en la India y parte en Londres, se presentó llorando en casa del ministro. Poco antes de ello, el Directorio había sido informado, que una tal Madame Grand, de origen inglés, mantenía una correspondencia poco patriótica, con cierto exvizconde Lambertye, exoficial de la guardia francesa, que vivía en Inglaterra y se le consideraba próximo al conde de Artois, el futuro rey de Francia, Carlos X. Enseguida comenzaron a sospechar, que se trataba de una espía de la pérfida Albión. En algunas de sus cartas, se refería a cierto personaje, al que daba el nombre de “pied court”, en el que creyeron reconocer a Talleyrand (por su conocida deformación en uno de sus pies). Inmediatamente se cursó una orden de arresto, contra aquella belleza, cuyas formas excelsas y cabellera rubia, parecía una creación del propio Tiziano.
Para los historiadores, existen muchas dudas aún no resueltas, sobre el origen de su relación con el antiguo “abbé” (Talleyrand había sido obispo). Es posible que Talleyrand la hubiera conocido años atrás en Londres, en sus tiempos de exiliado. Otros historiadores sugieren, que la conoció en Hamburgo, ya de vuelta de sus años en América. Este encuentro previo (poco importa donde se produjera) podría explicar que la dama, sabiéndose en peligro en París, hubiera ido a pedir protección al entonces ministro. En cuanto lo tuvo delante, ella se arrojó a sus pies. La escena dejó pasmado a Talleyrand, que no solía asombrase por nada. El hecho de que la dama hubiese crecido en la India, una tierra que ejercía sobre él una enorme fascinación, no hizo sino incrementar su interés por la suplicante.
Talleyrand tenía entonces cuarenta y cinco años y, aunque no había perdido su natural distinción, su incipiente gordura y la flacidez de sus facciones, había reducido notablemente, el atractivo que en otros tiempos pudo tener. El azar quiso, pues, que la “indiana” llegara en el momento propicio.
Para protegerla de la policía, puso a su disposición una estancia, en su principesca residencia. E inmediatamente pidió a Barras, el único miembro del Directorio, del cual podía espera un favor, que detuviera la persecución policial. “Es la persona más incapaz de conspirar de Europa”, le escribió. “Es india, muy hermosa, muy perezosa, y la mujer menos activa que conozco… La amo, y le aseguro por mi honor, que jamás en la vida, se ha visto envuelta en conspiración alguna”. Sus argumentos sin embargo, no eran del todo convincentes, pues el pasado de Catherine Grand (por su nombre de casada) transcurría por París y por Londres, algo que bastaba, en aquellos días, para justificar el interés de la policía revolucionaria.
Por entonces, Catherine llevaba ya un tiempo residiendo en la capital francesa, y su belleza se había hecho famosa. La mujer sabía bien cuidar de sí misma. Y fue la vinculación que mantenía, con algunas personas importantes de Londres, y las cartas que les enviaba, explicándoles lo que estaba ocurriendo en País, lo que despertó las suspicacias de la policía. Pero Talleyrand no mentía (al menos conscientemente) cuando afirmaba que aquella preciosidad, no era una espía.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.