Cuando hablamos de la conversión en musulmán de Richard F. Burton, hay que considerar también, la cuestión de las oraciones, públicas y privadas. Por lo general el buen musulmán, hace sus oraciones cinco veces al día. Las oraciones van precedidas por un ritual de purificación, el “wudu” (o wuzu, como escribe Burton con su pronunciación al estilo persa), que ha de estar tan encarnizado en la vida del musulmán, que se realiza de forma automática. Durante las oraciones, el musulmán adopta diversas posturas: de pie, inclinado, sentado con la cabeza vuelta, a un lado y otro y, en un determinado momento, tras decir “Allahu Akbar”, “Alá es el más grande”, tocando el suelo con la frente, en la postura que se denomina “sadja”, símbolo de sumisión – esto significa islam – a la divinidad. Pero, en cualquier caso, actuar de puertas afuera, como genuino musulmán, tampoco le iba a ser suficiente. Cada paso, cada acto, cada gesto y cada pensamiento, habían de proceder de lo más profundo de su corazón y, resultar al mismo tiempo, total y naturalmente “musulmanes”.