Talleyrand y La Libertad guiando al Pueblo
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Maurice de Talleyrand, que era un hombre más bien racional y sereno, fue, por una sublime ironía, el abuelo indirecto, de la más persistente de todas la imágenes de la exaltación revolucionaria: “La Libertad guiando al pueblo”, el gran cuadro de Eugène Delacroix.
¿Cómo pudo ser eso? El famoso cuadro, era una imagen tan arrebatadora de la revolución, que el rey Luis-Felipe se asustó y compro el cuadro de Delacroix, con el fin de esconderlo durante una generación, a los ojos del público.
Por supuesto Talleyrand, no había traído al mundo este imperecedero estorbo revolucionario, pero según parece, al decir de algunos historiadores, había creado a Eugène Delacroix.
Durante el año revolucionario VI (1798), cuando la primera revolución francesa, estaba siendo desechada ya de forma discreta, por sus corruptos custodios de Paris, y era destruida a golpes, por sus generalísimos en el campo de batalla, Talleyrand había demostrado, que podía ser más perverso de lo que aparentaba.
Al ocupar el cargo de Charles Delacroix, ministro de Relaciones Exteriores (enviado al exilio y al ingrato tedio de la embajada francesa en La Haya) Talleyrand también lo reemplazó en el lecho de madame Delacroix. Podemos suponer que ella se mostró receptiva a las insinuaciones de Talleyrand, entre otros motivos, porque su esposo se había visto incapacitado sexualmente durante un tiempo, por un monstruoso tumor que se extendía, desde el vientre hasta la ingle. La extirpación del mismo, realizada con éxito por los cirujanos más brillantes de Paris, fue una “cause célèbre” de la medicina, y la deformidad del señor Delacroix, constituyó un episodio histórico ampliamente comentado.
La deformidad del propio Talleyrand, el pie que le obligaba a cojear, y que arrastraba calzado con un zapato de diseño especial, nunca había sido un obstáculo, para sus éxitos de alcoba. Talleyrand creía que el poder y la inteligencia, eran el aroma de la galantería, y los esgrimía con un encanto letal. La señora Delacroix sucumbió a su debido tiempo. Así que el hijo de ambos fue Eugène: el mayor romántico de la nueva etapa, había sido así procreado, por el más extraordinario escéptico de la antigua.
La sangre de la pasión revolucionaria, provino de la carne de la inteligencia revolucionaria.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.