El moho del fango
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Hay cuestiones para las que no tenemos respuesta alguna, como la cuadratura del círculo. Otras son sencillamente indefinibles. El paradigma de estas últimas, quizá sea, la reflexión del juez Potter Stewart, sobre la pornografía: “No sé definirla, pero la reconozco en cuanto la veo”. La inteligencia, nos recordaba Javier Sampedro, pertenece a esta categoría de conceptos. No sabemos definirla, pero todos la reconocemos cuando la vemos ¿n'est-ce pas? Una cuestión distinta, es la de reconocer la inteligencia en otros estratos: hormigas, abejas… o todas esas máquinas empeñadas en ganarnos al ajedrez y hacer las cosas mejor que nosotros.
Fijémonos en el humilde “moho del fango” (Physarum polycephalum para los científicos, un organismo unicelular cuyo hábitat natural es la basura forestal), un ser que no tiene ni una neurona, no hablemos ya, de algo parecido a un cerebro. Pues pese a ello, dos científicos del Instituto Max Planck en Gotinga, han demostrado que es capaz de “recordar” donde ya ha comido. También es capaz de encontrar el camino más corto, a través de un laberinto. Sostener que un hongo tiene algún tipo de inteligencia, puede inducir a los demás, a enviarnos directamente al manicomio, pero el caso es que la tiene.
Una hormiga no sabe calcular nada, pero construye amplios y complicados hormigueros. Las hormigas tiran los cadáveres, en el sitio en el que molesten lo menos posible. Y, entre todas, “calculan” el punto exacto más alejado de todas las bocas. Tengamos presente que se trata, de un problema geométrico complejo de resolver. Pero allá que van esos heminópteros, hallando la solución, más rápidamente, que un catedrático.
¿Por qué un pulpo es más listo que un calamar? Ambos animales muestran genomas típicos de su clase, los cefalópodos, salvo que el pulpo ha experimentado, una vasta expansión de ciertos genes (“cadherinas”) implicados en la comunicación entre neuronas. Los humanos también hemos amplificado esa familia genética, pero de manera independiente a la de los pulpos. Lo cual apuntaría a que la inteligencia ha evolucionado dos veces, una en los pulpos y otra en los humanos. Pero las dos, al final, acaban sirviendo para lo mismo: predecir el futuro partiendo de la experiencia.
No soy aficionado a la ciencia ficción, pero estimo que los autores de ese género, cuando se han puesto a diseñar alienígenas, no han hecho gala de una gran creatividad, pues no han logrado imaginar, una inteligencia muy diferente a la nuestra. Al igual que nosotros, los “marcianos” encuentras soluciones a problemas nuevos, utilizando para ello sus emociones y sus intuiciones. Y su motivación, no es otra que entender las cuestiones que se les plantean. Si existe realmente, una forma de inteligencia diferente a la nuestra, la humana, nuestra imaginación, de momento, no ha estado a la altura.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.