La sexualidad de los vikingos. XIII
No puedo dejar de hacerme una pregunta, que quizá a alguno le parezca tonta. Si en la época vikinga, la práctica de la brujería por parte de un hombre, le comportaba, lo que, a efectos prácticos, era una especie de muerte social y, además, le exponía a la pena capital ¿por qué iba un hombre, a escoger seguir ese camino? La repuesta seguramente es: que esta vida le confería poderes y experiencias, que no podía obtener ni vivir, de ningún otro modo. La brujería estaba imbuida de cualidades – y quizá, de una especie de estatus subversivo – que hacía que valiera la pena, a pesar de lo alto que era el precio, seguir ese camino. Lo curioso es que, a veces, esto se desarrollaba de una manera, que tenía connotaciones de aceptación social, que iban mucho más allá de la comodidad, del “ni se pregunta ni se dice”. Hay varios ejemplos en las sagas, de reyes que emplean equipos enteros de hechiceros masculinos, para fines mágicos específicos y que, a pesar de ello, no reciben críticas sociales de ningún tipo.
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