EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Baruch Spinoza. Obras e ideas. III


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Que la inmortalidad del alma y el origen divino de la Torah, fueran tema muy importante, para los rabinos de la congregación Talmud Torah, era algo evidente. Recordemos que fue precisamente, porque negó, entre otras cosas, la inmortalidad del alma y la validez de la Ley oral, por lo que Uriel da Costa había sido alcanzado por los rayos de los rabinos. Por otra parte, cuando el rabino Mortera sostenía, en su debate con el también rabino Isaac Aboab, a mediados de los años 1630, el castigo eterno de las almas de los pecadores no arrepentido, estaba admitiendo su apego profundo, a la doctrina rigorosa de la inmortalidad. Pues tal castigo, está claro, no podía sino suponer, la existencia eterna del alma tras la muerte del cuerpo. De hecho, Mortera había escrito una obra, defendiendo la inmortalidad del alma, unos diez años antes. Y en 1652, Menasseh ben Israel, publicó su propio “Nichmat Chaïm” (sobre la inmortalidad del alma) en la que sostiene que “la creencia en la inmortalidad del alma, es el fundamento y el principio esencial de la fe judía”.

Saúl Levi Mortera, no comenzó a escribir su “Tratado sobre la verdad de la Ley de Moisés”, hasta 1659, pero está claro que los temas que abordaba en el mismo (comprendido la “prueba” del carácter divino de la Ley mosaica), ocupaban hacía largo tiempo, su pensamiento. Por ejemplo, este tema estaba siempre muy presente, en sus sermones. Así que, si Spinoza, desde 1655-1656, negaba la inmortalidad del alma y, el origen divino de la Torah, no podía haber escogido un sujeto de reflexión, más peligroso. No podía ignorar tampoco, los riegos que corría. Dado su saber y su experiencia, es imposible que no intuyera, la reacción que sus opiniones provocaría entre los “hakhamin” (rabinos).

La naturaleza de la intimidad, de las relaciones entre Mortera y Spinoza y, su papel en el proceso disciplinario, están hoy aún sujetos a debate. Es fácil imaginar la tristeza que Morera habría sentido, cuando el joven Spinoza de alejó del judaísmo, así como su sentimiento de cólera y traición, ante el hecho de que sus esfuerzos por reformarle, hubieran sido así deshonrados. Desdichadamente nos es imposible afirmar con exactitud, que papel jugó realmente en la excomunión de Spinoza, ni cuales fueron sus sentimientos personales, concernientes a la apostasía del último. Puede que fuera a petición suya, después de todo, que el texto extraordinariamente severo del “herem”, que había traído el mismo de Venecia, casi cuarenta años antes, fuera desempolvado y utilizado contra Spinoza (pero, cosa interesante, no contra Pardo, que fue también desterrado, poco tiempo después de Spinoza y, por faltas casi idénticas).

Hay un juego, al que se dedican los especialistas en Spinoza, que consiste en especular, sobre la identidad de las personas, que habrían inspirado sus ideas “heréticas” sobre la religión, Dios, el alma, la política y las Escrituras. Este juego ha devenido en una especie de encuesta, sobre los “corruptores” de Spinoza y, por extensión, de las causas lejanas de su salida forzosa de la comunidad judía. Según ciertos investigadores, el pensamiento no ortodoxo de Spinoza, fue muy pronto influido, por diversas contribuciones exteriores a la congregación sefardita. Pero, para otros, bastaría con interesarse por ciertas tendencias heterodoxas, en el propio seno de la congregación. En un sentido, toda esta investigación es baladí, no sólo porque no tendremos jamás respuesta definitiva, sino también, lo que es más importante, porque cualquier encuesta adecuada, debe tener presente todos los contextos diferentes, así como la propia erudición, de carácter autodidacta de Spinoza y, su innegable originalidad. Con apenas una veintena de años, Spinoza vivía ya en un entramado relativamente complejo, de influencias intelectuales y espirituales, que mutuamente se reforzaban. Ante de interesarse seriamente, por el estudio de los filósofos gentiles, él debió leer, muy probablemente, la “Guía de los extraviados” de Maimónides, los “Diálogos sobre el amor” de Judah Abrabanel (León el hebreo), platónico del siglo XVI y, el “Sefir Elim” (“Libro de los dioses”) de Joseph Salomon Delemedigo, tratado sobe la ciencia de Galileo, publicado por Menasseh ben Israel.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.