Baruch Spinoza. Obras e ideas. III
Que la inmortalidad del alma y el origen divino de la Torah, fueran tema muy importante, para los rabinos de la congregación Talmud Torah, era algo evidente. Recordemos que fue precisamente, porque negó, entre otras cosas, la inmortalidad del alma y la validez de la Ley oral, por lo que Uriel da Costa había sido alcanzado por los rayos de los rabinos. Por otra parte, cuando el rabino Mortera sostenía, en su debate con el también rabino Isaac Aboab, a mediados de los años 1630, el castigo eterno de las almas de los pecadores no arrepentido, estaba admitiendo su apego profundo, a la doctrina rigorosa de la inmortalidad. Pues tal castigo, está claro, no podía sino suponer, la existencia eterna del alma tras la muerte del cuerpo. De hecho, Mortera había escrito una obra, defendiendo la inmortalidad del alma, unos diez años antes. Y en 1652, Menasseh ben Israel, publicó su propio “Nichmat Chaïm” (sobre la inmortalidad del alma) en la que sostiene que “la creencia en la inmortalidad del alma, es el fundamento y el principio esencial de la fe judía”.
- Publicado en Tribuna Libre