Baruch Spinoza. Reinjsburg y Descartes. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Desde antes de su excomunión, Spinoza decidió dedicarse a la filosofía y, se preparó para ello: ganarse la vida puliendo lentes para microscopio y telescopios, leer y escribir correctamente el latín, para estudiar y publicar sus ideas.
En la primavera o verano de 1661, trasladó su residencia de Ámsterdam, o quizá desde Ouderkerk, a la aldea de Rijnsburg (poblado del Rin), a sólo una hora de camino de Leiden, en cuya universidad parece haber estudiado, durante meses o quizás años, a Descartes y a la escolástica, en la línea de Heereboord, aunque con materiales también de F. Suárez y de otros. Rijnsburg era famosa, por haber sido, desde 1650, sede de los “colegiantes”, secta religiosa y liberal, a la que, o bien pertenecían o se sentían afines, algunos de los amigos más próximos de Spinoza que, para entonces, ya formaban el “círculo Spinoza”.
Quizá convenga aclarar que, aunque el título “círculo Spinoza” se hizo pronto célebre y aún perdura, el número y nombre de sus miembros, no coincide para todos los expertos. Atilano Domínguez sólo menciona a los cinco, que considera como sus mejores amigos: S.J. de Vries, P. Balling, L. Meyer, L. Bouwmeester y Jean Rieuwertsz. Y no incluye entre ellos a Koerbagh ni a F. van den Enden, que tampoco Meinsma incluye, ni a Beelthouwer, del que él duda, porque nunca lo hallamos en relación directa y de amistad con Spinoza y sí, en cambio, atacando las ideas de su amigo L. Meyer.
Spinoza se instaló en una bonita casa, situada en el camino de Katwijk (paseíllo, sendero) propiedad del cirujano Herman Homan, al que alquiló unas habitaciones. Allí colocaría la cama que había heredado, los pocos libros que tendría por entonces y sus ropas, entre ellas sus abrigos turcos, con la célebre “casaca” agujereada, sus sombreros negros y sus zapatos. También instaló su taller de óptico, con su célebre rueda de pulir, su escudilla, aparatos para medir ángulos con precisión y, otros materiales del oficio.
La casa en la que vivió en esta aldea (Rijnsburg) se halla en su extremo occidental, al sur del arroyo, entre el camino de carros y el sendero de a pie, que conduce a Katwijk en el Rin. Se reconoce por la piedra colocada en su fachada, en la que está inscrita la 15ª y última estrofa del “Alba de mayo” – tercera parte de las admirables rimas de D. R. Camphuyzen – que suena así: “Oh, si los hombres fueran sabios y buscaran además el bien, la tierra sería un paraíso, pues ahora es un infierno”. Cualquiera que haya leído con atención, la ya varias veces aludida “Introducción al Tratado de la Reforma del Entendimiento”, no habrá dejado de pensar que, cada vez que Spinoza salía por la puerta de esa casa, volvería sus ojos hacia su derecha y, con solo ver la placa del poeta Camphuyzen, pensaría en los papeles que dejaba sobre su mesa de estudio, porque seguramente que en ellos tocaba, de una u otra forma, el problema de su vida: la forma como los hombres pueden alcanzar, con su conocimiento y esfuerzo, la cumbre de la sabiduría y, con ella, la libertad y la felicidad.
En este primer periodo de la madurez de Spinoza, que algunos estudiosos llaman “de Rijnsburg”, se sitúan las primeras 17 cartas, que abarcan desde agosto de 1661 hasta agosto de 1663, es decir, dos años casi justos. Todas ellas se refieren a los antecedentes, la composición y la edición, de la primera obra de Spinoza: “Principios de filosofía de Descartes”, con su apéndice “Pensamientos metafísicos”. La “Correspondencia” de Spinoza, la inicia el alemán Henry Oldenburg, el cual se dirige al filósofo con una carta en la que le ruega, con toda cortesía, que le aclare ciertas cosas que ambos habían comentado, en la visita que recientemente le había hecho, “en su refugio de Rijnsburg”. El hecho de que los dos temas que en ella le recuerda, sean los “principios de la filosofía de Descartes y de Bacon”, sugiere que Spinoza ya debía de conocer a fondo el primero y, que Oldenburg le había introducido, en su conversación, el segundo.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.