Capitán Richard F. Burton. En el Sind. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En el agitado verano de 1843, tras sobrevivir a las lluvias, adherirse al culto de los brahmines Nagar, estudiar el gujarati y el sánscrito, acercarse al catolicismo, cumplir con sus deberes militares, disfrutar de su búbú, a Richard F. Burton, aún le quedó tiempo suficiente, para aprender su segunda lengua nativa, hasta el punto de someterse a un nuevo examen oficial. Volvió a viajar a Bombay, para examinarse del gujarati, bajo la supervisión Vans Kennedy y, aprobó de nuevo, con la nota más alta, de todos los candidatos, entre los que figuraba otro joven oficial de su misma quinta, Christopher Palmer Rigby, hombre notabilísimo, que ya dominaba cuatro lenguas de la India, así como el somalí y el amhárico. No en vano, era considerado el lingüista, más sobresaliente de todo el ejército de la India. A pesar de sus intereses en común, o quizá por ello mismo, Burton y Rigby iban a ser enemigos, años después.
Burton fue nombrado intérprete del regimiento, con lo cual obtuvo, un mínimo aumento de su soldada. Regresó a Baroda, a tiempo de participar en las celebraciones, de 18º Regimiento de Infantería Nativa de Bombay, que acababa de ser destinado al Sind, a las órdenes del general Charles Napier. El regimiento se trasladó a Bombay por tierra, para abordar el vapor “Semíramis”, con destino a Karachi y, con la esperanza de vivir grandes aventuras, en la guerra declarada contra los sindhis. Burton vestía a la usanza de los nativos, con una camisa de algodón muy suelta y, los abolsados calzones de algodón que, según explica, se llamaban “pijama”.
Un personaje interesante iba a hacer su aparición, en medio de aquel laberinto de rostros apiñados, a bordo del “Semíramis”. Era un hombre que compartía con Burton sus intereses y parte de su instinto: el larguirucho, rubio, barbudo capitán Walter Scott, a quien, tan a menudo, se ha identificado, a la primera de cambio, como sobrino del famoso novelista. Scott era ingeniero y topógrafo y, se había unido a la Expedición de Exploración del Sind, para trabajar en el inmenso e incontrolado complejo de vías fluviales, interconectadas en torno al Indo. El general Napier albergaba el sueño, de convertir a los campesinos del Sind, en un pueblo capaz de mantenerse por sí solo y, de arrebatar el control del Indo y, de sus vías acuáticas aledañas, de manos de los “mir”, que habían hecho de sus exóticas orillas y pantanales, sus cotos privados de caza. Scott había recibido el encargo, de convertir el desierto interminable, en un oasis de verdor perenne, alimentado por una red de canales, que facilitaran diversos cultivos, incluido el arroz. Burton y Scott estrecharon en poco tiempo su amistad; no en vano Scott, era también un erudito y un arqueólogo aficionado, un “personaje verdaderamente espléndido”, que “jamás dijo una palabra altisonante o desagradable, ni realizó tampoco una hazaña de mal gusto”.
Además, se hallaba también a bordo, un joven alemán, el doctor John Steinhauser, cirujano del ejército de la India, erudito también y, en parte, lingüista, que conocía el árabe y el persa. De forma que Burton tuvo por amigos íntimos, a este tipo de eruditos autosuficientes, de probada consistencia intelectual y buen humor. No deja de ser curioso, que Steinhauser sea una presencia en la sombra, en todos los recuerdos de Burton y, de ambos surgió la idea de traducir, esa amorfa colección de relatos, leyendas, peroratas, poemas, dichos y proverbios, que hoy conocemos como “Las mil y una noches”. Burton parece haber considerado a Steinhauser, casi como un hermano. Con frecuencia viajaron juntos y, cuando el médico falleció súbitamente, de un ataque de apoplejía, en Berna en 1866, camino de su casa, Burton tuvo una extraña experiencia: “En aquella época yo vagaba por tierras de Brasil y, de pronto, se me cayó un diente al suelo, seguido de una copiosa hemorragia. Un amigo de tal calibre, ciertamente, se convierte en parte de uno mismo. Aún siento una punzada de dolor, mientras mi mano redacta estas líneas”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.