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El Nilo Azul. El poder de Teodoros. II


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En 1853, a los 35 años, Teodoros ya había derrotado a todos los caciques rivales del lagoTana (la fuente del Nilo Azul) e invadido Amhara. A continuación, se dirige con su reducido ejército, a las provincias vecinas de Tigré, Goyam y Shoa. En 1855, la mayoría de las familias dominantes de esas regiones, estaban muertas o en sus manos. Y si bien los turcos le amenazaban todavía, por la costa del Mar Rojo y el Sudán, en Etiopía triunfaba este nuevo San Jorge. Gondar y la gran fortaleza de Magdala, se habían entregado, pero Teodoros prefería seguir moviéndose por el país, con un inmenso campamento de tiendas, con la corte y el ejército a su alrededor. Se proclama a si mismo Teodoros III, emperador de Etiopía, título que, de momento, nadie podía disputarle. Mientras tanto en Inglaterra, se creyó incluso, que merecía la pena nombrar un cónsul, Walter G. Plowden, para firmar un tratado con él.

Plowden, por la época de su nombramiento, llevaba ya varios años en Etiopía. Se había convertido en íntimo de Teodoros, en tanto que, a su compañero, un ingeniero llamado Bell, se le destacaba en la corte, como una especie de gran chambelán y secretario. Aparecen también en escena varios misioneros de origen alemán, patrocinados por organizaciones religiosas británicas. De modo que, a finales de los años cincuenta, iban muy bien las cosas, a la política inglesa de ganarse amigos, a lo largo de la ruta del Mar Rojo. Pero en 1860, se produce una catástrofe inesperada: Plowden, en uno de sus viajes por el país, es asesinado por miembros de una tribu, próxima a Gondar. Al punto, Teodoros marcha con Bell contra los culpables y, como gesto de pésame por el amigo muerto, mata y mutila a unos dos mil hombres: holocausto inaudito en Etiopía. En el transcurso de la lucha, Bell se precipita en ayuda de Teodoros y cae muerto.

De manera que el gobierno británico, necesita encontrar un nuevo representante, en la corte del emperador. La elección recae en el capitán Charles Duncan Cameron, del Servicio Indio. Uno no sabe muy bien que pensar de Cameron. Aunque iba a convertirse en el “causus belli”, de la expedición británica, aunque sus ulteriores padecimientos, despertaron las simpatías en todo el mundo civilizado, no aparece como una personalidad bien definida, fuera de su cargo consular: siendo competente, carecía de intuición. Además, por entonces, el mismo Teodoros estaba cambiando. Su primera esposa, hija de un cacique llamado Tavavich, acababa de morir. Al parecer, había ejercido una influencia estabilizadora sobre su persona ¡”cherchez la femme”! Teodoros contrae matrimonio otra vez, pero la nueva reina, Teru-Wark, una chiquilla de doce años, se cansa pronto y, él toma por costumbre, andar con cualquier mujer, casada o no. Por otra parte, si hasta ese momento había sido una persona sobria, ahora se entrega a fuertes borracheras. Difícilmente puede hablarse de circunstancias óptimas, para la entrada en escena, de un nuevo cónsul. Cameron llega a Gondar en 1862, allí regala a Teodoros, un par de pistolas, que, en cada una de sus culatas, lleva una lámina de plata grabada con inscripción: “Regalada a Teodoros, emperador de Abisinia, por Victoria, reina de Gran Bretaña e Irlanda, por su bondad para con mi servidor Plowden, 1861”. Si Teodoros se sintió encantado con el regalo, Cameron, animado por la acogida, propone a Teodoros, que despache a Inglaterra enviados, para firmar un nuevo tratado de amistad, con la reina. Lo más probable, es que Cameron pensara sólo, en un intercambio de cortesías, pero Teodoros acoge la idea, con toda la gravedad del insignificante cacique africano, que desea sentar su importancia, en el gran mundo exterior. Redacta una carta en “amhárico” a la reina y, llama a Cameron para que la haga llegar, pensando, seguro, que lo haría en persona. Esta maldita carta, fue el origen de todos los malentendidos.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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