Baruch Spinoza. Nuevo proyecto de vida. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En el tiempo que Spinoza estudió en la universidad de Leiden, cabría suponer que allí hubiera copiado, numerosas definiciones de las “Diputationes metaphysica” de Francisco Suárez, ya que él las cita, para matizarlas o rechazarlas, en la “Cogitata metaphysica”.
En la época de Spinoza, el dominio del idioma latino, no solo para leerlo de corrido, sino también para escribirlo correctamente, seguía siendo una necesidad y, no solo en filosofía. De hecho, como dice Jarig Jelles, el escribiría todas sus obras en latín, que es también el idioma en el que, estaban escritos, más de la mitad de los libros de su biblioteca. Por Jelles también sabemos que, cuando Spinoza dejó el judaísmo y, decidió dedicarse a la filosofía, el autor por él elegido para construir la suya propia, fue Descartes. Ahora bien, Descartes escribió y publicó, todas sus obras en latín, aunque se iban traduciendo al francés y, también al holandés. Es lógico que Spinoza sintiera necesidad de entregarse de inmediato y, con todas sus fuerzas, a estudiar el idioma latino.
¿Pero cuando y como lo hizo y qué consiguió? Estas dos preguntas dependen la una de la otra. Para su respuesta contamos, no sólo con los libros y las cartas, por él escritos en latín, sino también y, sobre todo, con las ocho cartas autógrafas que se han conservado. La autenticidad de las mismas está garantizada por su firma, que existe también, en otras dos en holandés. Es fácil verificar, que desde su primera carta a Henry Oldenburg (1661), el latín de Spinoza es correcto y fluido. Los latinistas de oficio, así lo han admitido. En cuanto al lugar y la fecha, del aprendizaje del latín por Spinoza, los biógrafos apuntan con suficiente claridad, a la escuela de Franz Van den Enden, después de su salida de la sinagoga, sino también algo antes, aunque después de la muerte de su padre (1654).
Los datos más exactos, los encontramos en sus biógrafos Colerus y Lucas. Este último, ofrece una panorámica, de las lenguas que Spinoza conocería y, de las que no conocería y, de las cuales, sin embargo, tenían necesidad de conocer. Dice Lucas: “Al pasar algún tiempo sin tratar con los judíos, se vio obligado a hacerlo con los cristianos, por lo cual trabó amistad con personas inteligentes, que le advirtieron del inconveniente, de no saber ni griego ni latín, por más versado que estuviera en hebreo, italiano y castellano, por no mencionar el alemán, el flamenco y el portugués, que eran sus lenguas naturales. Bien veía él mismo, cuan necesarias le eran estas lenguas cultas; pero la diferencia estaba en hallar el medio de aprenderlas, puesto que no poseía ni bienes ni linaje, ni amigos en los que apoyarse”. Pero esa información de Lucas, no deja de ser bastante imprecisa. Pues dando por bueno que el portugués era para él, una lengua “natural”, en el sentido de idioma “nativo”, eso no es aplicable al “flamenco”, como el llamaba al holandés, aunque Spinoza lo hablara y lo escribiera. Y tampoco es correcto equiparar a él, el alemán, por más que se pueda decir, desde un punto de vista histórico, que el holandés o “neerlandés, es algo así como un “bajo alemán” (“nieder-ländisch”). Tampoco se puede dar por supuesto, como al parecer hace Lucas, que Spinoza supiera el italiano porque sabía el castellano, en el que con razón lo supone “versado”, ya que el idioma vehicular de la escuela y, para los sefarditas en general, el castellano era el idioma culto por excelencia.
Por los libros hallados en su biblioteca tras su fallecimiento, parece que pudiéramos confirmar, que Spinoza manejaba en sus lecturas, ante todo el latín, idioma de la cultura en su época y, después, el hebreo, idioma bíblico, que estudió en la escuela y, en el que demostró ser un gran experto. A continuación, viene el castellano, pero casi sólo para la literatura y, el holandés casi exclusivamente para las ciencias.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.