Aristóteles. “Ética a Nicómaco”. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La diferencia entre la “deliberación” y la “elección – de las que hablamos en el artículo anterior – estriba en lo siguiente: la primera establece cuáles y cuántas son, las diferentes acciones y medios, que es necesario poner en acto, para alcanzar ciertos fines. Establece, por tanto, toda la serie de cosas que hay que realizar, para llegar al fin, entre las que se encuentran las más remotas y, las próximas e inmediatas. La elección actúa sobre estas últimas, descartándolas si son irrealizables, pero poniéndolas en acto, si las considera realizables. Por ello escribe Aristóteles: “El objeto de la deliberación y de la elección, son la misma cosa, excepto el hecho de que lo que se elige, ha sido ya determinado. En realidad, es objeto de la elección, lo que se ha juzgado ya con la deliberación. Todo el mundo deja de indagar, cómo deberá actuar, una vez ha reconducido a sí mismo, el principio de la acción y, lo ha situado en la parte que manda: ésta es la que decide en realidad”.
Muchos son los que han creído descubrir aquí, lo que llamamos “voluntad”, ya que la elección consiste, en un apetito o deseo “deliberado” y, por tanto, no es sólo deseo ni apetito, ni sólo razón. Sin embargo, apenas tratamos de profundizar mejor la posición aristotélica, ésta se manifiesta extremadamente ambigua y fugaz. El Estagirita niega expresamente, que la “elección” puede identificarse con la “voluntad (“boulesis”), porque la voluntad sólo considera los fines, mientras que la elección (al igual que la deliberación), se refiere a los medios. Ahora bien, si es cierto que la elección, es lo que nos hace autores de nuestras acciones, o sea responsables, no es sin más, lo que nos hace verdaderamente buenos, ya que solamente pueden ser buenos, los fines que nos proponemos, mientras que la elección (al igual que la deliberación) sólo considera los medios. Por consiguiente, el primer principio, del que depende nuestra moralidad, consiste, más bien, en la volición del fin.
¿Qué es la volición del fin? Una de estas dos cosas: a) o la tendencia infalible hacia el bien, hacia lo que verdaderamente es bien, b) o la tendencia hacia lo que nos parece bueno. En el primer caso (a) es evidente que la elección equivocada, no es voluntaria, sino que, como decía Sócrates, constituye una forma de ignorancia, un error o una equivocación. En el segundo caso (b) sería preciso concluir que “lo que se quiere, no se quiere por su naturaleza, sino conforme a lo que parece a cada uno y, puesto que a unos les parece una cosa y, a otros otra, si fuese así, lo que se quiere se referiría, al mismo tiempo, a cosas contrarias”. Lo que significaría, que ninguno podría ser llamado ya bueno o malo, o, lo que es igual, todos serían buenos, precisamente porque todos, harían lo que les “pareciese bien”.
Pero sin las cosas fueran así, nos moveríamos en un círculo; para llegar a ser bueno, debo querer los fines buenos, pero “sólo” puedo reconocerlos “si soy bueno”. La verdad es que Aristóteles comprendió, al menos a mi parecer, que somos responsables de nuestras acciones, causa de nuestros mismos hábitos morales y, causa de la manera como se nos aparecen moralmente, las cosas, pero no nos supo decir porque sucede así y, a que principio, presente en nosotros, se debe todo eso.
Sin embargo, es justo reconocer que Aristóteles, sin alcanzar un éxito completo, entrevió, mejor que ninguno de sus predecesores, que en nosotros hay algo, de lo que depende ser buenos o malos, que no se trata de un mero deseo irracional, ni tampoco de la razón pura. Pero esta realidad desconocida, parece que escapó a su control y, el filósofo, no consiguió determinarla. Por lo demás, debemos reconocer objetivamente, que ningún griego conseguiría hacerlo y, que el hombre occidental, sólo llegara a entender, qué son la voluntad y el libre albedrío, con la llegada del cristianismo.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.