Baruch Spinoza. Reinjsburg y Descartes. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Cuando Spinoza vivió en Rijnsburg, ya tenía en cartera altos temas de metafísica, no sólo cartesiana, sino de su sistema, tal como lo expone en sus dos tratados ‘juveniles’, el “Tratado breve” y el “Tratado de la reforma del entendimiento”, así como la primera parte de la “Ética”.
Las siete primeras cartas que Oldenburg envió a Spinoza (de las que hablamos en el texto anterior), así como las respuestas de este último, se refieren todas a Boyle y a sus experimentos científicos. Y es así, porque Spinoza no sólo prestó atención a esos problemas, en principio ajenos a los que se traía entre manos, sino que montó y realizó, él mismo, algunos experimentos y, los utilizó para remitir sus observaciones críticas a Boyle.
En síntesis, cabría afirmar que Spinoza, no sólo excluye la finalidad como explicación científica, sino que tiende a sustituir la función de las figuras, por las variaciones del movimiento (dirección y velocidad), con lo cual tenderá a sustituir, el simple mecanicismo, por cierto dinamismo. Al final el diálogo, o más bien “debate”, en un tono de igual a igual, quedó en tablas, ya que Oldenburg lo dio por amigablemente cerrado.
Cosa muy distinta es lo que sucedió con Descartes y, el debate metafísico, relativo a la idea de Dios y sus atributos, pensamiento y extensión. Y, sobre todo, a lo que, desde el primer momento, Oldenburg calificó de “conexión” de las cosas con Dios. Puesto que es un problema capital de spinozismo y, de cualquier metafísica, sea infinitista como la suya, o finitista como la de los científicos y “cosmólogos” actuales, Spinoza le apuntó muy pronto, que su manera de enfocarlo no era la habitual. Y, de hecho, está ya latente en su comentario a Descartes y, más quizá, en sus “Pensamientos metafísicos”.
Pero el teólogo de carrera, que era el intelectual y diplomático alemán Henry Oldenburg (Heinrich), Bremen, c. 1619 – Londres, 5 de septiembre de 1677, ya se había percatado antes, de que la metafísica de Spinoza, no seguía la vía regia de las “Meditaciones metafísicas” de Descartes, una de cuyas claves, al lado de la idea clara y distinta, es la distinción de dos sustancias: la infinita o Dios, que es espíritu, y la finita, que pude ser cuerpo o alma (“mens”). Por eso, después de poner en duda la primera proposición, del “anexo metafísico” de Spinoza, según la cual no puede haber dos sustancias del mismo atributo, pasaba a la segunda y le formulaba una crítica, cuyo alcance sólo se desvelará con nitidez, en sus últimas cartas. “Confieso sinceramente que no le entiendo, le responde Oldenburg a Spinoza, a menos que usted se digne revelarme, más clara y ampliamente, su opinión acerca de este sublime argumento y, mostrarme cual es el origen y formación de las sustancias, así como la interdependencia de las cosas y su mutua subordinación”.
El problema para Oldenburg, es pues, el del primer origen de las cosas (Dios creador) y, junto con él, el de la interdependencia de unas con otras (relación o no entre distintos atributos y, entre los modos de distintos atributos). Tan extraña le resulta la doctrina de Spinoza, sobre la “causa de sí mismo” y que, en consecuencia, una sustancia no pueda ser causa de otra, que la califica, con ironía, de “sublime argumento”. Conduciría, le dice Oldenburg, a admitir “tantos dioses” como de hecho hay – en su opinión – sustancias. Pero como hemos visto – otra cosa es si lo hemos entendido – la “sustancia” de la que sigue hablando Oldenburg, no es la de Spinoza, sino la tradicional o cartesiana.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.