Kolakowksi. Racionalismo. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Vamos a intentar, siguiendo a Kolakowski y, con mis humildes conocimientos filosóficos, establecer algunas cuestiones elementales, sobre el racionalismo.
Comenzaremos por formular el principio básico del racionalismo, partiendo del hecho antropocéntrico, en su dimensión más general, tal como lo encontramos, independientemente de todas las divergencias filosóficas, tanto en Marx, como en Stirner, Feuerbach y, los filósofos de la existencia.
La especie humana lleva en el universo, una existencia extraordinaria, excluida de los mecanismos autorreguladores de la naturaleza. No vive en estado de simbiosis, con el resto de la naturaleza, aunque su existencia sea un producto de la misma. No colabora con las otras especies, las somete, a lo sumo, o las destruye. Todo cuanto fuera de ella misma existe en el mundo, se le ofrece de dos maneras posibles: como resistencia pasiva, o como fuerza enemiga. Se ha emancipado de la benigna pero inexorable, asistencia de la naturaleza, porque aquello que en la vida humana – en la medida en que se trata de la vida de un ser biológico – es un fenómeno natural e inevitable, el ser humano lo siente, lo sentimos, como sufrimiento o desgracia: el nacimiento, la muerte, la vejez, el amor físico… La especie humana, no goza de la protección de nadie: no hay realidad que le brinde su ayuda favorable, contra las fuerzas enemigas. Está por completo abandonada a sí misma, porque el mundo exterior, no le dispensa protección natural alguna, porque su historia consiste en el desarrollo de unas necesidades, que únicamente pueden ser satisfechas, por la destrucción sistemática, del equilibrio natural del mundo orgánico. Lo que en todo momento sea y llegue a ser, se lo debe exclusivamente a sí mismo, por mucho daño que se cause, suya exclusivamente es la culpa.
El talante racionalista no consiste, en última instancia, sino en llegar a ser conscientes de esta situación y de todas sus consecuencias. En adquirir consciencia de que el hombre, no puede contar con otra ayuda que la de los hombres y, que nadie salvo él, puede tomar el timón de sí mismo. Que el hombre, en fin, tiene un derecho, sobre todo cuanto fuera de él existe y, al mismo tiempo, nada, salvo él mismo, puede obligarle a algo. El racionalismo predica, asimismo, que el hombre está reducido exclusivamente a su razón y, que sólo con ella debe contar como instrumento básico, de su orientación en el mundo.
Pero el racionalismo transfiere este principio, parcialmente, a todos y cada uno de los individuos, en su relación con la comunidad humana. Es racionalista en su existencia individual, todo aquel que en modo alguno, desea abdicar del impulso de la iniciativa personal – sea en el asunto que sea – cediéndolo a otros, ya se trate de seres humanos, ya de la naturaleza, o de una sobre-naturaleza, siendo al mismo tiempo, perfectamente consciente, de que este impulso no puede, en realidad, serle arrebatado ni por Dios, ni por el hado, ni por la providencia, ni por cualquier grupo, ideologías, dogmas o principios no sometidos a crítica, ni por su propia naturaleza, ni por los educadores, ni por sus padres, ni por sus superiores. El racionalista no espera que nadie, se sitúe protectoramente ante su consciencia.
El racionalismo no es otra cosa, que la superación definitiva de la infancia, esto es, de todos los mecanismos que liberan al individuo, de la responsabilidad, privándole de la necesidad, de tomar sus propias decisiones. El racionalismo es la contraposición extrema, de la moral militante. Lo cual no significa, por supuesto, que el hombre no encuentre, o no pueda encontrar, apoyo en otros seres humanos, para la satisfacción de sus aspiraciones, cuando busca por su propio bien, su seguridad o su libertad, de igual modo que tampoco puede significar, que no sea lícito, aprovecharse del conocimiento de la historia, de las experiencias de las diversas comunidades humanas, o de sus propios criterios de valoración. Exigirle lo contrario, sería una pretensión cuyo absurdo, no necesita ser demostrado.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.