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Capitán Richard F. Burton. Convertido en musulmán. IV


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Cuando hablamos de la conversión en musulmán de Richard F. Burton, hay que considerar también, la cuestión de las oraciones, públicas y privadas. Por lo general el buen musulmán, hace sus oraciones cinco veces al día. Las oraciones van precedidas por un ritual de purificación, el “wudu” (o wuzu, como escribe Burton con su pronunciación al estilo persa), que ha de estar tan encarnizado en la vida del musulmán, que se realiza de forma automática. Durante las oraciones, el musulmán adopta diversas posturas: de pie, inclinado, sentado con la cabeza vuelta, a un lado y otro y, en un determinado momento, tras decir “Allahu Akbar”, “Alá es el más grande”, tocando el suelo con la frente, en la postura que se denomina “sadja”, símbolo de sumisión – esto significa islam – a la divinidad. Pero, en cualquier caso, actuar de puertas afuera, como genuino musulmán, tampoco le iba a ser suficiente. Cada paso, cada acto, cada gesto y cada pensamiento, habían de proceder de lo más profundo de su corazón y, resultar al mismo tiempo, total y naturalmente “musulmanes”.

Burton fue sin duda un musulmán practicante, e iba a seguir siéndolo, mostrando a lo largo de su vida, diversos grados y matices de interés, por lo que él mismo denominaba, la Fe Salvadora. Tanto si cometió un error, en su inicio, decantándose por los ismaelíes, como, como si no fue un error, poco a poco fue derivando, hacia un islamismo más ortodoxo. En cualquiera de los casos, por mucho que profesara la creencia de que los sunníes, formaban la comunidad islámica correcta, sus simpatías estuvieron siempre, de parte de los “Shiíes heterodoxos”. Pero cuando hubo progresado más en sus estudios, fue partidario de los “sufíes”, cuya lealtad no se debe a ninguna de las partes antes mencionadas, sino al Sendero Místico. Había de ser musulmán durante toda su vida y, a menudo, musulmán muy devoto.

Burton se hallaba sumergido en cuerpo y alma, en lo que se ha llamado el “Gran Juego” (del que he escrito largamente, en mi serie de artículos sobre Afganistán). La idea de disfrazarse de mercader o derviche, fue sin duda, una forma sumamente habilidosa, de recabar información. En tanto que mercader ambulante a lomos de un camello, Burton – al igual que otros agentes encubiertos – dispuso de una herramienta, punto menos que perfecta, para medir las distancias. Al contrario que el paso irregular de un caballo, el camello avanzaba a un ritmo constante, casi con la regularidad de un metrónomo. Cubría una cantidad casi previsible de pasos a la hora, según el terreno fuera blando y arenoso o duro. Así, las distancias de zonas anteriormente desconocidas, fueron trazadas con precisión y facilidad. Según sus cálculos, un camello era capaz de recorrer 3.600 yardas por hora (unos 3.240 metros) sobre un terreno nivelado, mientras que Alexander Burnes, había estimado esa distancia media, en 3.700 – sólo en terreno blando y arenoso, en opinión de Burton – mientras que, en otros terrenos, podía descender a 2.833 yardas por hora.

El disfraz de derviche fue ideal para Burton y, para otros participantes en el Gran Juego, ya que esta figura del mendicante religioso, era lugar común y, rara vez era cuestionada, salvo para solicitársele sus eficaces remedios y, los milagros que pudiera hacer. El agente que se disfrazaba de santón peripatético – ya fuera musulmán, hindú, sij o budista - habitualmente llevaba un cayado y un rosario modificado a voluntad, instrumentos que, en manos de un hombre bien adiestrado, podían ser empleados como herramientas útiles en la exploración, para la medición de cerros y montañas, de valles o “ouadis”, de ríos y otros hitos geográficos.

Estos “mendicantes” vagaban por todo Oriente, e incluso algunos llegaron al Tíbet, la Tierra Prohibida. Uno de los mejores y mas famosos agentes de la época, el teniente Edmund Smyth, se internó en diversas ocasiones en el Tíbet, e incluso llegó a la temeridad, de remar por el lago sagrado de Manasarovar, en una embarcación de caucho. Y a Smyth se debe la creación del Cuerpo de Pundits, un equipo de exploradores nativos de la India, que trazaron el mapa del Tíbet, con la sola ayuda, de sus rosarios y sus ruedas de oraciones.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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