Bertrand Russell. ¿Puede ser el hombre racional?
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Desde que comencé a leer cosas serías, cuando ingresé en la Complutense ¡allá por los sesenta del pasado siglo! empecé a considerarme racionalista. Pero en los últimos años, me temo, la racionalidad está recibiendo duros golpes. Con lo cual se hace cada día más difícil saber, que se entiende por racionalidad, o sí, aun sabiéndolo, sigue siendo algo accesible al hombre.
Si hacemos caso a Bertrand Russell, la definición de racionalidad tiene dos aspectos: el teórico y el práctico, ¿qué es la opinión racional y qué la conducta racional? El pragmatismo hace resaltar, la irracionalidad de la opinión y, el psicoanálisis la irracionalidad de la conducta. Russell, en “Ensayos escépticos”, trata de mostrar que el ideal de la racionalidad, no ha sido afectado por las ideas que se estiman fatales para él y, que conserva toda la importancia que antes se le concedía, como guía del pensamiento y de la vida.
Empecemos por la racionalidad de opinión, definiéndola como el hábito de tomar en cuenta la principal evidencia, para llegar a creer. Cuando no puede alcanzarse la certidumbre, toda persona racional, dará más peso a la opinión más probable y, retendrá las otras que tengan una probabilidad apreciable, como hipótesis que una evidencia subsiguiente, pueda hacer preferible. Esto supone que es posible, en algunos casos, asegurar hechos y probabilidades, por un método objetivo, es decir, un método que condujera a dos personas atentas, al mismo resultado. De esto último, destaquemos, se duda con frecuencia. “El intelecto es, ante todo, un instrumento de parcialidad”. Su función es hacer que se realicen los actos beneficiosos, para los individuos y las especies y, que sean inhibidos los actos menos beneficiosos.
“La ‘fe’ de los marxistas, difiere profundamente de la fe religiosa; la segunda se funda solo, en el deseo y la tradición; la primera se funda en el análisis científico de la realidad objetiva”. A estas alturas, modestamente, esto me parece incompatible, con lo que los marxistas dicen sobre el intelecto, a menos que pretendan apuntar, que no es el intelecto, lo que los llevó a adoptar la fe marxista. Pero, en cualquier caso, puesto que admiten, la posibilidad del “análisis científico de la realidad objetiva”, tendrían que admitir, que es posible tener opiniones racionales, en el sentido objetivo:
Los autores más eruditos – escribe Russell – que defiende un punto de vista irracionalista, como los filósofos pragmáticos, no son tan fáciles de reducir. Mantienen que no existen los llamados hechos objetivos, a los cuales deben conformarse nuestras opiniones, si han de ser verdaderas. Pero, según ellos, las opiniones no son, sino armas, para la lucha por la existencia y, las que ayudan a sobrevivir, deben llamarse “verdaderas”. Esta opinión prevalecía en el Japón del siglo XI, cuando llegó allí el budismo. El Gobierno, dudando sobre la veracidad de la nueva religión, ordenó a uno de los cortesanos, que la adoptase por vía de ensayo. Si prosperaba más que las otras, la religión se adoptaría universalmente. Este es el método (con modificaciones para adoptarlo a la época actual) que los “pragmáticos” indican, con respecto a todas las controversias religiosas. Sin embargo – añade Russell – no he oído de ninguno, que se convierta a la religión judía, aunque parezca ser, la que más rápidamente conduce a la prosperidad.
Puede afirmarse, creo, en términos generales, que el irracionalismo, es decir, el no creer en el hecho objetivo, nace casi siempre, del deseo de afirmar algo, para lo cual no hay evidencia, o de negar algo evidente. Pero la creencia en los hechos objetivos, acaba por persistir siempre, con respecto a las cosas prácticas, como, por ejemplo, a la hora de decidir inversiones de dinero. Y si los hechos pueden servir de prueba, para la veracidad de nuestras creencias, en cualquier caso, deberían servir también en todos los casos y, conducir al agnosticismo, cuando no pudiera aplicarse esa prueba. La parte teórica de la racionalidad consistirá, por tanto, en fundar nuestra creencia en los hechos, sobre evidencias y, no sobre deseos, prejuicios o tradiciones. Un hombre racional, se portará lo mismo que uno juicioso, o que un científico.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.