Talleyrand. Ensayo general (y V)
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Pero fue un aristócrata quien encendió la mecha. El duque de Orleans, Luis Felipe II, compañero de mesa de juego de Talleyrand, se encaró un día con su primo Luis XVI en la cámara de los nobles, para advertirle de que sus órdenes eran ilegales, si no contaban con su voto (entiéndase: el de los aristócratas). Charles-Maurice se quedó estupefacto. Como era de esperar, el duque fue desterrado a provincias. Más tarde se vengó votando a favor de la muerte de su primo, en el juicio que se le instruyó, aunque su cabeza (seguramente arrepentida) acabó cayendo en la misma cesta o similar en 1793. Obedeciendo a un resentimiento “de clase” generalizado la nobleza (y no las clases hambrientas) acabó rebelándose contra el poder real y, le exigió la convocatoria de los Estados Generales, una asamblea extraordinaria en la que se juntaban los tres “órdenes” (nobleza, clero y “tercer estado”) para resolver la crisis. Versalles estaba, en contra los Estados Generales. Los últimos de los que se tenía noticia, se habían reunido hacía dos siglos. Pero la aristocracia se empeñó en repetirlos, convencida de que acabaría dominando la situación y, saldría reforzada frente al soberano. Fue, pues, la nobleza y no el pueblo, la que puso en marcha la Revolución francesa, punto en el que todos los historiadores están de acuerdo, pero, como suele pasar, no tardó en írsele de las manos.
Fue justamente entonces, cuando llegó la mitra que venía esperando desde hacía años, la hermosa cabeza empolvada de Charles-Maurice. Poco tiempo después del fallecimiento del obispo de Bourges, murió el de Lyon. El elegido para dicha diócesis, dejó vacante la de Autun, en la Borgoña y, dicha carambola, favoreció a Talleyrand, aunque el abbé de Périgord, no recibiera una diócesis importante. Consta que el rey, que tenía muy mal concepto de Charles-Maurice (y la reina peor) se oponían en un principio a su nombramiento, pero el padre del interesado, tras obtener de su hijo la promesa de que dejaría de una vez por todas, sus turbias especulaciones financieras, el juego y las mujeres, se postró ante su soberano y, la imploró que fuera clemente con su retoño y, no frenara por más tiempo su ascensión en el escalafón eclesiástico. Después de todo, había obtenido grandes logros como agente general del clero de Francia.
El rey se ablandó y firmó el nombramiento diciendo según cuentan: “Esto lo pondrá en el buen camino”. Sea como fuere, si Charles-Maurice guardaba todavía algún rencor contra su padre, este último favor tuvo por fuerza que compensarlo con creces. El 15 de diciembre, llegó el visto bueno del papa.
Charles-Maurice de Talleyrand Périgord fue consagrado obispo de Autun el 4 de enero de 1789 por Louis-André de Grimaldi, obispo-conde de Noyon, en una ceremonia discreta que tuvo lugar en la capilla de la Soledad de Issy, cerca de París.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.