Principio de correspondencia
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Erwin Schrödinger basa su interpretación, sobre el movimiento ondulatorio de las partículas, en un argumento dudoso: demuestra que el paquete de ondas, a partir del cual, describe una partícula que vuela por el vacío, se mantiene unido de forma permanente. Desde su punto de vista, dicha estabilidad justifica la sustitución de las partículas convencionales, por paquetes de ondas.
Pero esa estabilidad es una excepción, no la norma. Max Born, con su asombrosa capacidad de cálculo, plantea un escenario más complicado, partiendo de la teoría de Schrödinger: dos partículas chocan entre sí, pero el resultado es algo muy diferente. Tras la colisión, los paquetes de ondas se disuelven, se dispersan en todas las direcciones por el espacio, como las ondas por un estanque, en el que cae una piedra. Si Schrödinger tuviera razón, las propias partículas se disolverían tras la colisión. Pero no se ajusta al mundo, tal y como lo observamos cada día. Las partículas chocan sin disolverse.
Si las partículas son realmente amalgamas de ondas, deben corresponderse, en última instancia, con lo que los físicos y el resto de las personas, pueden ver y medir. Y eso es precisamente lo que quiere decir Niels Bohr, con su “principio de correspondencia: la descripción que la física cuántica haga de una colisión, debe tener un correlato, con una descripción clásica, debe encajar en última instancia, con la intuición cotidiana, de la gente que opera en el mundo. Las partículas no pueden propagarse por el espacio: tienen una ubicación. Tras la colisión de dos partículas, estas se separan y, lo hacen no de cualquier forma, sino en direcciones bien determinadas, tal como podemos observar en el “efecto Compton”. Lo que hay son partículas, no ondas, por mucho que nos obstinemos en verlas.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.