Que los objetos calientes emiten, a la misma temperatura, luz del mismo color, era un dato bien conocido por los alfareros, desde mucho antes de 1859, año en que Gustav Kirchhoff, físico alemán que, a los 34 años, emprendió en la Universidad de Heidelberg, una investigación teórica sobre la naturaleza de esta correlación. Para simplificar su análisis, Kirchhoff esbozó el concepto de “cuerpo negro”, un cuerpo que absorbe toda la radiación, que llega hasta él, un nombre perfecto, porque un cuerpo que absorbe toda radiación, sin reflejar nada, parece negro. Como perfecto emisor, sin embargo, su aspecto sería cualquier cosa, menos negro, si su temperatura fuera lo suficientemente elevada, como para emitir en las longitudes de onda, pertenecientes a la franja visible del espectro.