El inconsciente y el pecado mortal
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En 1988, Jeffrey Masson publicó su libro “Contra la terapia”. Masson se había formado como psicoanalista y, durante un breve periodo, fue director de proyectos, de los Archivos de Sigmund Freud. Acabó por concluir que, en el ámbito de la psicoterapia, había algo que no funcionaba bien. Su libro era una crítica al psicoanálisis, procedente del convencimiento, inédito por completo, de que era algo corrupto por definición y, por lo tanto, imperfecto de forma irremediable.
Dicho de otro modo, el psicoanálisis resultó erróneo desde el principio. Masson analizó también, el diario personal de Sandor Ferenczi (inédito hasta 1985, aunque su autor había fallecido en 1933) que revelaba las dudas que el psicoanalista albergaba, al respecto de las relaciones terapéuticas. Masson llegaba a la conclusión, de que tanto Jung como Freud, no eran más que seres autoritarios, que se limitaban a leer sus propios pensamientos, en cada una de las historias que relataban sus pacientes, a partir del convencimiento de que el terapeuta, goza de una salud mental completa, desprovista de toda neurosis, y que, en ese sentido, el paciente es impuro.
Masson también analizó las teorías más recientes, como la de Carl Rogers, la terapia de la Gestald de Fritz Perls, y las obras de Rollo May, Abraham Maslow y Milton Erickson. Dondequiera que mirara, se topaba con una buena porción de autoritarismo y, lo que resultaba más pernicioso, una gran preocupación por el sexo, sobre todo “dentro” de la propia relación terapéutica. Para Masson resultaba evidente, que, en el caso de muchos terapeutas, sus sesiones servían a sus propios intereses, lo que le llevaba a pensar, que la terapia era imposible “per se”, y que esta era la razón, por la que las cifras que hablaban de la ineficacia del psicoanálisis, no se equivocaban.
La crítica vertida por Ernest Gellner en “The Psychoanalitic Movement” (1985) resultó mucho más aguda que la de Masson. Su autor, nacido en Paris en 1925, y formado en Praga e Inglaterra, fue profesor de filosofía y sociología en la London School for Economics (LSE) y, más tarde, profesor de la cátedra William Wye, de antropología social en Cambridge. Su libro tenía por subtítulo “La astucia de la razón”, y no dejaba escapar, aspecto alguno del psicoanálisis. Hacía mención de cada incongruencia, falta de coherencia, descuido, laxitud en la aplicación de la lógica, o muestras de hipocresía. Su principal objetivo era el inconsciente que, a su entender, es la versión moderna del pecado original. El principio oficial por el que se regía, afirmaba en una de sus muchas frases “ofensivas”, era: “callandito, callandito, pegadizo el inconsciente”. Era como si hubiera una Ley Secreta del Inconsciente. Éste no se limita a esconderse de la conciencia, sino que ponía todo su empeño, en permanecer en dicho estado. Ni la inteligencia, ni la honradez consciente, o el aprendizaje teórico, incrementan en modo alguno, las posibilidades de evitar o superar, las estratagemas del Inconsciente, más propias de un servicio de espionaje.
Sin embargo, a raíz de alguna extraña cadena de acontecimientos, Freud fue capaz de derribar esta cadena, a todas luces inexpugnable, y transmitir a otros una Sucesión Apostólica Secular. Mas, se pregunta Gellner, si el inconsciente es tan hábil ¿por qué no vio venir a Freud, y se disfrazó aún más? Su intención no era la de regresar a los argumentos en contra de la terapia psicoanalítica, que proporcionaban las estadísticas, sino desacreditar por completo el movimiento. Citaba para ello al premio Nobel, Friedrich von Hayek: “Creo que la humanidad considerará en el futuro, que nuestra época fue un periodo de supersticiones, vinculadas, sobre todo, a los nombres de Karl Marx y Sigmund Freud”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.