Robespierre. “Termidor”. II
Debido al agotamiento de sus energías, desde la época del juicio a los llamados “indulgentes”, Danton y Desmoulins, Robespierre había cometido una serie de errores de apreciación, empezando por el de dar su conformidad, a la decisión de incluir a Desmoulins, en la lista de quienes había que detener, es decir, junto con los hombres acusados de malas prácticas financieras graves, a expensas de la República. Su decisión de celebrar el Festival del Ser Supremo, durante su mandato como presidente de la Convención, le dejó expuesto a murmuraciones sobre su omnipotencia. Promover que se aprobara la ley de 22 Pradial dos días después (10 de junio) había convertido las murmuraciones, en agitación atemorizada. Había sido incapaz de aprovechar, el giro de los destinos militares de la República, de las semanas subsiguientes, para trazar un camino de retorno, al orden y gobierno constitucional. Y, en estas circunstancias, la imposibilidad de dar los nombres, de los diputados que iban a ser juzgados, constituyó un error grave. Quizá sólo estuviera pensando, en seis o siete personas, pero había muchas más con motivos para temer. En una época, en que las cabezas caían como fichas de dominó, la Convención ya tenía bastante.
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