Baruch Spinoza. Carácter singular del judaísmo holandés. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como la mayor parte de los miembros fundadores, de la comunidad judía-portuguesa de Ámsterdam, eran, ya conversos que volvían al judaísmo, ya nuevos cristianos judaizantes que, por primera vez, podían practicar abiertamente su fe, el judaísmo que había heredado la comunidad, presentaba un carácter singular, muy poco ortodoxo. Se había constituido en el curso de los siglos, durante los cuales, la práctica judía ibérica, se había encontrado mezclada con la sociedad católica, antes de ser obligada a disolverse. Las comunidades de conversos de España y Portugal, estaban totalmente separadas, de la corriente dominante en el mundo judío. No habían tenido, especialmente en las últimas generaciones, más que una comprensión deformada y parcial, de las reglas y prácticas del judaísmo normativo.
Los conversos además, no podían dirigirse a las autoridades rabínicas, ni consultar muchos de los grandes textos de la religión de sus ancestros. No tenían ningún acceso a la Torah, al Talmud, al Midrach, ni a todo cualquier libro de la literatura rabínica, cuyo estudio constituye el corazón, de una vida judía informada. El cripto-judaísmo de los conversos, e incluso el judaísmo ibérico, antes de la expulsión, estaba fuertemente influenciado por numerosos ritos, símbolos y creencias del catolicismo local, “Santa Esther”, la heroína de la cual se celebra su bravura, en la fiesta del Purim, presentaba un significado particular para estos judíos, pues ella había sido, a su manera, una “marrana”, obligada a ocultar su judaidad a su propio esposo, el rey persa Assuérus. Ella había finalmente revelado su identidad, para salvar a su pueblo, de los nefastos planes de Aman, el ministro del rey.
Por todas esas razones expuestas, los primeros judíos de Ámsterdam tenían necesidad de consejos exteriores, para reintegrar el judaísmo, del cual había estado, así como sus ancestros, alejados durante tanto tiempo. La historia que explica como dos Asquenazis de Emden, Moisés y Aaron Halevi, ayudaron a un grupo de comerciantes portugueses, a reintegrarse a las prácticas judaicas, no es sino el ejemplo más relevante, de todo ese proceso. La mayor parte de los rabinos influyentes, de los judíos portugueses de Ámsterdam, en la primera mitad del siglo XVII, fueron extranjeros a la comunidad. Joseph Pardo había nacido en Salónica, pero vivía en Venecia, cuando marchó para ejercer de rabino en la Beth Jacob. Él hizo mucho para que los miembros de esa comunidad, volvieran a aprender los ritos sefarditas. El rabino más influyente de esa comunidad, durante esos días, era Saúl Levi Mortera, que no era ni sefardí.
Estos rabinos o “hahamin” (hombres sabios), que no provenían del mundo de los conversos, corrigieron o abolieron ciertas prácticas, que juzgaban incompatibles con la tradición judía y, velaron para que las actividades de la comunidad, fuesen conformes a las exigencias (legales) de la “halakha” o Ley Judía.
Venecia jugó un rol normativo importante, en ese proceso de organización y de rectificación de la “kehillah” de Ámsterdam. La comunidad sefardí veneciana – una de las más numerosas y más próspera de su época y, la más activa para los refugiados “marranos”, que buscaban volver al judaísmo, no solamente proveyó de rabinos a sus correligionarios del Norte, sino que sirvió igualmente de modelo, para la administración interna, de la nueva comunidad. Desde el inicio la Beth Jacob y la Neve Shalom, adoptaron la estructura de autoridad veneciana, en la cual el poder real sobre la comunidad, era confiado, no a los rabinos, sino a los dirigentes laicos. El poder del rabino era de “jure” al menos, minuciosamente definido. En teoría, el rabino, funcionario asalariado, trabajaba para el Consejo y, debía esencialmente, servir de guía espiritual y de maestro.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.