Baruch Spinoza. Carácter singular del judaísmo holandés. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Los judíos asquenazí conocían la lengua de la Torah y las exigencias de la “halakha” (Halakha se traduce a menudo como "Ley judía"). Por esa razón, ciertos asquenazis llegaron a ser reconocidos como maestros, en la comunidad portuguesa. Sin embargo, en términos generales, los sefarditas sentían cierto menosprecio, por los judíos alemanes o polacos, que vivían entre ellos. Los asquenazíes de Ámsterdam en el siglo XVII, no adquirieron jamás, el prestigio o el estatus de sus correligionarios portugueses. Las diferencias entre los dos grupos, eran inmediatamente perceptibles, a cualquiera que recorriera, las principales arterias del barrio judío. Grabados de la época, muestran que las vestimentas de los sefarditas eran elegantes, bien cortadas y, en numerosos aspectos, idénticas a las de los holandeses.
Los portugueses simulaban el estilo, de la clase mercantil de la ciudad, con la que mantenían contactos regulares, tanto sociales como profesionales. Los asquenazis, por su parte, se diferenciaban netamente por sus largos abrigos oscuros, sus barbas no afeitadas y sus bonetes anticuados. Los portugueses se irritaron muy pronto con sus vecinos indigentes. En 1632, el año de nacimiento de Spinoza, un decreto instauró dos formas para recabar las limosnas por los asquenazis, “con el fin de acabar con las perturbaciones y los tumultos, provocados por los asquenazis, que extienden su mano y mendigan en las puertas”. En 1664, todo acto de caridad privada e individual, con los judíos alemanes, polacos o lituanos, era merecedor de exclusión. Un cierto sustento de orden institucional se preservó, pero una parte significativa de las rentas de la comunidad, fue específicamente destinada, a “devolver a nuestros pobre hermanos”, a su país de origen.
La fuente principal de la prosperidad, de la comunidad judeo-portuguesa de Ámsterdam – y la causa indiscutible de su contribución, al rápido crecimiento de la economía holandesa, en la primera mitad del siglo XVII – fue el comercio. Ciertamente en la comunidad había también médicos, cirujanos, impresores, letrados y, otros miembros de profesiones liberales, que no excluían a los judíos, pero los comerciantes eran, con diferencia, los más numerosos. Desde 1630, los judíos controlaban una parte, relativamente importante, del comercio exterior holandés. Durante los tres primeros decenios del siglo, las vías de intercambio más importantes, para los negociantes judíos, fueron las establecidas entre Holanda y Portugal y sus colonias (en particular Brasil). Sus actividades se concentraban, sobre algunos productos seleccionados: desde el norte exportaban cereales hacia Portugal, así como diversos productos holandeses, hacia las colonias que la República tenía en el Nuevo Mundo. De Portugal importaban sal, aceite de oliva, higos y otros frutos, especias como el jengibre, madera, vino, lana y, un poco de tabaco. Los sefarditas controlaban, más de la mitad del comercio de azúcar con Brasil, con gran pesar de los directores, de la Compañía holandesa de las Indias occidentales.
El comercio marítimo controlado por los sefarditas, fue extremadamente beneficioso, para la economía interior holandesa, estimulando industrias como la construcción naval y, las actividades ligadas al refinamiento del azúcar. Los judíos sufrían restricciones, en cuanto a sus elecciones profesionales a nivel local. No podían ser tenderos, estaban excluidos del comercio minorista y, de la mayor parte de los oficios tradicionales controlados por los gremios, a excepción de los de médico, farmacéutico o librero.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.